Complicaciones de los gases tóxicos en el desarrollo de la higiene industrial desde
la perspectiva técnica de la salud y seguridad ocupacional.
Complications of toxic gases in the development of industrial hygiene from the
technical perspective of occupational health and safety.
Complicações dos gases tóxicos no desenvolvimento da higiene industrial sob a
perspectiva técnica da saúde e segurança ocupacional.
Steveen Eduardo Carpio Candelario
Universidad Casa Grande
Ecuador
steveen.carpio@casagrande.edu.ec
https://orcid.org/0009-0007-4036-3331
José Luis Saá Loor
Universidad Católica Santiago de Guayaquil
Ecuador
jose.saa@cuucsg.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-2654-1935
Jonathan Josue Ramirez Davalos
Instituto Superior Tecnológico Juan Bautista Aguirre
Ecuador
jonathanramirezdv@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-1042-1282
Wilmer Romeo Albán Holguín
Sominur CLTDA.
Ecuador
w.alban@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0002-1078-0333
Forma de citación en APA, séptima edición.
Carpio, S; Saá, J; Ramirez, J; Albán, W.(2026). Complicaciones de los gases tóxicos en el desarrollo de la
higiene industrial desde la perspectiva técnica de la salud y seguridad ocupacional. Revista Ibero
Research, 1(7), 529 - 577.
Fecha
de
presentación:
20/08/2026
Fecha
de
aceptación:
03/09/2026
Fecha
de
publicación:
04/09/2026
529
Resumen
La exposición ocupacional a gases tóxicos representa un problema prioritario de higiene
industrial por su capacidad de producir lesiones agudas, secuelas crónicas, incapacidad
y muerte, especialmente cuando existen procesos de combustión, tratamiento de aguas,
minería, refrigeración, desinfección, soldadura o trabajo en espacios confinados. El
objetivo fue analizar las complicaciones asociadas con monóxido de carbono, sulfuro de
hidrógeno, cloro, amoníaco, dióxido de azufre y dióxido de nitrógeno, integrando
criterios técnicos de evaluación y control. Se desarrolló una revisión narrativa
integrativa con actualización bibliográfica en PubMed/MEDLINE y fuentes oficiales de
OIT, OMS, NIOSH, OSHA e ISO, priorizando evidencia de 2021-2026 y documentos
normativos vigentes. Los resultados mostraron perfiles toxicológicos diferenciados,
valores IDLH entre 10 y 1200 ppm, afectación respiratoria común a los seis gases y
necesidad de combinar medición ambiental, límites ocupacionales, vigilancia de salud y
controles en la fuente. Se concluyó que la prevención efectiva depende de anticipación,
reconocimiento, evaluación cuantitativa y control, con prioridad para eliminación,
sustitución e ingeniería antes del uso de protección personal.
Palabras clave: exposición química; vigilancia ambiental; toxicología ocupacional;
control de riesgos; atmósferas peligrosas.
530
Abstract
Occupational exposure to toxic gases is a priority industrial hygiene problem because it
can cause acute injury, chronic sequelae, disability, and death, particularly in
combustion processes, wastewater treatment, mining, refrigeration, disinfection,
welding, and confined-space work. The objective was to analyze complications
associated with carbon monoxide, hydrogen sulfide, chlorine, ammonia, sulfur dioxide,
and nitrogen dioxide while integrating technical criteria for exposure assessment and
control. An integrative narrative review was conducted with an updated search in
PubMed/MEDLINE and official sources from ILO, WHO, NIOSH, OSHA, and ISO,
prioritizing evidence from 2021-2026 and current regulatory documents. Results
showed differentiated toxicological profiles, NIOSH IDLH values ranging from 10 to
1200 ppm, respiratory involvement common to all six gases, and the need to combine
environmental measurement, occupational limits, health surveillance, and source
controls. It was concluded that effective prevention depends on anticipation,
recognition, quantitative evaluation, and control, prioritizing elimination, substitution,
and engineering measures before reliance on personal protective equipment.
Keywords: chemical exposure; environmental monitoring; occupational toxicology;
risk control; hazardous atmospheres.
531
Resumo
A exposição ocupacional a gases tóxicos constitui um problema prioritário da higiene
industrial pela capacidade de causar lesões agudas, sequelas crônicas, incapacidade e
morte, sobretudo em processos de combustão, tratamento de águas, mineração,
refrigeração, desinfecção, soldagem e trabalhos em espaços confinados. O objetivo foi
analisar as complicações associadas ao monóxido de carbono, sulfeto de hidrogênio,
cloro, amônia, dióxido de enxofre e dióxido de nitrogênio, integrando critérios técnicos
de avaliação e controle. Desenvolveu-se uma revisão narrativa integrativa com
atualização bibliográfica no PubMed/MEDLINE e em fontes oficiais da OIT, OMS,
NIOSH, OSHA e ISO, priorizando evidências de 2021-2026 e documentos normativos
vigentes. Os resultados evidenciaram perfis toxicológicos distintos, valores IDLH entre
10 e 1200 ppm, comprometimento respiratório comum aos seis gases e necessidade de
articular medição ambiental, limites ocupacionais, vigilância da saúde e controles na
fonte. Concluiu-se que a prevenção efetiva depende de antecipação, reconhecimento,
avaliação quantitativa e controle, priorizando eliminação, substituição e engenharia
antes da proteção individual.
Palavras-chave: exposição química; monitoramento ambiental; toxicologia
ocupacional; controle de riscos; atmosferas perigosas.
532
Introducción
La utilización de sustancias químicas y la generación de contaminantes gaseosos forman
parte de numerosos procesos productivos contemporáneos, por lo que la exposición
laboral a agentes químicos continúa constituyendo una amenaza relevante para la salud
de la población trabajadora. La Organización Internacional del Trabajo ha descrito una
carga mundial importante asociada con exposiciones químicas ocupacionales, que
comprende intoxicaciones, enfermedades respiratorias y cardiovasculares, cáncer,
discapacidad y muertes evitables, mientras que la Organización Mundial de la Salud
mantiene la exposición a productos químicos peligrosos entre los riesgos ocupacionales
que requieren prevención sistemática. Esta problemática se vuelve especialmente visible
en industrias con fuentes continuas o accidentales de gases, vapores y productos de
combustión (1,2).
La magnitud del riesgo no se distribuye de forma homogénea entre actividades
económicas, debido a que minería, petróleo y gas, manufactura, agricultura, tratamiento
de aguas, construcción, refrigeración industrial, soldadura, laboratorios, mantenimiento
y servicios sanitarios presentan condiciones diferentes de generación, confinamiento y
ventilación. La OIT ha señalado que la exposición química en minería permanece como
un problema de seguridad y salud a escala internacional, con vulnerabilidad particular
en contextos de pequeña minería e informalidad, lo que refuerza la necesidad de
sistemas de prevención capaces de actuar antes de la aparición de intoxicaciones o
enfermedades profesionales (3).
La higiene industrial ofrece el marco técnico para abordar esa complejidad mediante la
anticipación, el reconocimiento, la evaluación y el control de los factores ambientales
originados en el trabajo. Esta secuencia transforma la prevención en un proceso basado
en evidencia, en el que la identificación del contaminante se relaciona con su fuente, la
533
ruta de exposición, la concentración, la duración, la frecuencia y las características del
puesto, en lugar de depender solamente de la percepción sensorial o de la conducta
individual. OSHA vincula este enfoque con el reconocimiento de peligros químicos, la
comunicación del riesgo y el establecimiento de medidas correctivas verificables (4).
La jerarquía de controles constituye uno de los principios centrales para decidir la
respuesta preventiva, porque ordena las intervenciones según su capacidad para reducir
la exposición sin depender de manera predominante del comportamiento humano.
NIOSH sitúa la eliminación y la sustitución en los niveles de mayor efectividad,
seguidas por los controles de ingeniería, los controles administrativos y el equipo de
protección personal, mientras que OSHA sostiene que la ingeniería y las prácticas de
trabajo deben ser los medios primarios siempre que sean factibles. Esta lógica favorece
el diseño seguro del proceso y disminuye la probabilidad de que una falla individual se
convierta en una exposición peligrosa (5,6).
La gestión preventiva también exige un sistema organizacional capaz de integrar
peligros, controles, vigilancia, participación de los trabajadores, preparación para
emergencias e investigación de incidentes. ISO 45001:2018, confirmada como versión
vigente durante 2024, establece un marco de gestión que articula identificación de
peligros, evaluación de riesgos, requisitos legales, objetivos, control operacional y
mejora continua, elementos particularmente pertinentes cuando se manejan agentes
gaseosos capaces de producir eventos súbitos y consecuencias graves. De este modo, la
higiene industrial deja de ser una actividad aislada de medición y se convierte en un
componente estratégico del sistema de seguridad y salud en el trabajo (7).
Los gases tóxicos presentan dificultades preventivas específicas por sus propiedades
fisicoquímicas, ya que pueden difundirse con rapidez, desplazarse desde la fuente,
acumularse en zonas bajas o espacios cerrados, reaccionar con otras sustancias y
534
alcanzar concentraciones críticas en periodos breves. La NIOSH Pocket Guide to
Chemical Hazards reúne información de límites de exposición, valores inmediatamente
peligrosos para la vida o la salud, métodos de medición, síntomas, órganos diana y
recomendaciones respiratorias, por lo que constituye una referencia técnica útil para
conectar la toxicología con la práctica de higiene ocupacional. Su utilización, sin
embargo, requiere interpretar cada valor en función de su base temporal y del escenario
real de exposición (8).
El monóxido de carbono representa un ejemplo clásico de riesgo difícil de reconocer
mediante los sentidos, debido a que es un gas incoloro e inodoro producido por
combustión incompleta. NIOSH establece para este agente un valor IDLH de 1200 ppm,
un límite recomendado TWA de 35 ppm y un ceiling de 200 ppm, mientras que OSHA
mantiene un PEL TWA de 50 ppm. Su toxicidad se relaciona con la formación de
carboxihemoglobina y con alteraciones de la utilización celular del oxígeno, por lo que
cefalea, mareo, debilidad, confusión, pérdida de conciencia, compromiso cardiovascular
y daño neurológico pueden presentarse en exposiciones relevantes (9).
El sulfuro de hidrógeno posee una problemática diferente, aunque comparte el potencial
de producir hipoxia celular y colapso rápido. Puede generarse en alcantarillado, plantas
de tratamiento, industria petrolera, minería y descomposición de materia orgánica, con
un valor IDLH de 100 ppm y un límite NIOSH de 10 ppm como techo de diez minutos.
El olor característico no constituye un método de protección, porque la percepción
olfativa puede fatigarse rápidamente, condición que transforma la confianza en el olfato
en un factor de riesgo adicional y obliga a utilizar detección instrumental antes y
durante las tareas susceptibles de liberar HS (10).
El cloro y el amoníaco corresponden a gases irritantes de amplia utilización industrial,
cuyos efectos dependen en gran medida de su reactividad y solubilidad. El cloro
535
presenta un valor IDLH de 10 ppm, puede producir quemadura ocular y respiratoria,
broncoespasmo, neumonitis y edema pulmonar, mientras que el amoníaco presenta un
IDLH de 300 ppm y se asocia con irritación intensa de mucosas, disnea, sibilancias,
dolor torácico, edema pulmonar y quemaduras cuando existe contacto con soluciones o
producto licuado. La diversidad de procesos en los que se emplean obliga a combinar
almacenamiento seguro, segregación de incompatibles, ventilación, detección y
planificación de emergencias (11,12).
El dióxido de azufre y el dióxido de nitrógeno son contaminantes gaseosos vinculados
con combustión y determinados procesos térmicos o químicos. NIOSH establece para
SO un IDLH de 100 ppm, REL TWA de 2 ppm y STEL de 5 ppm, mientras que para
NO establece un IDLH de 13 ppm y un REL de corta duración de 1 ppm. Ambos
presentan una marcada relevancia respiratoria, aunque NO también se relaciona con
compromiso cardiovascular en la ficha de NIOSH, lo que demuestra que la prevención
no debe reducirse a una clasificación general de irritantes, sino considerar el perfil
toxicológico particular de cada sustancia (13,14).
La protección respiratoria es necesaria cuando el peligro no puede controlarse
completamente mediante medidas superiores de la jerarquía, pero su eficacia depende
de selección, ajuste, mantenimiento, capacitación y condiciones atmosféricas conocidas.
OSHA establece que la finalidad primaria debe ser prevenir la contaminación
atmosférica mediante controles de ingeniería y que, cuando se requieren respiradores,
debe existir un programa escrito con evaluación del riesgo, selección adecuada,
evaluación médica, pruebas de ajuste y entrenamiento. En atmósferas IDLH se
requieren equipos de suministro de aire apropiados, lo que excluye la idea de que
cualquier respirador convencional sea suficiente frente a una fuga grave de gas (15).
536
Los espacios confinados amplifican el peligro debido a que pueden combinar
deficiencia de oxígeno, gases tóxicos y atmósferas inflamables, además de limitar la
salida y complicar el rescate. OSHA exige procedimientos específicos para espacios que
requieren permiso, con evaluación atmosférica y condiciones aceptables de entrada,
mientras que la práctica higiénica demanda medir antes del ingreso y continuar la
vigilancia cuando la atmósfera puede cambiar. Esta exigencia adquiere importancia en
tanques, pozos, alcantarillas, silos, cámaras, reactores y sistemas de tratamiento donde
la exposición puede pasar de tolerable a letal en poco tiempo (16).
La evaluación cuantitativa necesita métodos de muestreo y análisis capaces de producir
resultados comparables con criterios ocupacionales. El NIOSH Manual of Analytical
Methods reúne métodos validados para aire de trabajo y otras matrices, además de
lineamientos sobre selección de protocolos, precisión, incertidumbre y aseguramiento
de la calidad. La disponibilidad de un método listado no elimina la necesidad de definir
una estrategia de muestreo representativa, porque las concentraciones cambian según
tarea, ciclo productivo, ventilación, temperatura, mantenimiento y eventos transitorios,
de modo que una única medición puede subestimar picos críticos (17).
La evidencia clínica reciente confirma que el monóxido de carbono continúa siendo una
causa relevante de intoxicación y que sus consecuencias exceden la hipoxemia
inmediata. Revisiones publicadas en 2024 describen alteraciones neurológicas y
cardiovasculares, dificultad para reconocer exposiciones prolongadas de baja intensidad
y persistencia de déficits en una parte de los sobrevivientes, mientras que el análisis
terapéutico contemporáneo incorpora mecanismos mitocondriales y estrategias
destinadas a acelerar la eliminación del gas. Estos hallazgos fortalecen el vínculo entre
vigilancia ocupacional y atención clínica temprana, porque el diagnóstico tardío puede
incrementar la posibilidad de secuelas (18,19).
537
La revisión clínica de Weaver mantiene la relevancia de la oxigenoterapia y de la
valoración especializada en intoxicaciones por CO, al tiempo que muestra la necesidad
de interpretar exposición, síntomas, comorbilidades y evolución de manera conjunta.
Desde la prevención ocupacional, este conocimiento tiene una implicación directa: la
vigilancia ambiental debe activarse antes de que aparezcan manifestaciones clínicas y
los programas de emergencia deben contemplar evaluación rápida, retirada de la fuente,
soporte respiratorio y derivación sanitaria según la gravedad, sin utilizar la ausencia de
síntomas iniciales como criterio suficiente para descartar riesgo (20).
En relación con el sulfuro de hidrógeno, la evidencia reciente diferencia con mayor
claridad los efectos de exposiciones agudas intensas y los problemas asociados con
exposiciones de menor nivel. Batterman y colaboradores documentaron que los
resultados epidemiológicos a bajas concentraciones presentan limitaciones
metodológicas, aunque se han descrito síntomas oculares, nasales, respiratorios y
neurológicos, lo que impide asumir que solo las exposiciones cercanas a valores de
emergencia tienen relevancia sanitaria. Esta observación favorece políticas de
prevención que consideren tanto picos como exposición acumulada, especialmente en
actividades con liberaciones intermitentes o comunidades laborales cercanas a fuentes
(21).
Las intoxicaciones agudas por HS mantienen además una preocupación por su rapidez
de acción y por la ausencia de un antídoto aprobado de uso general. Revisiones
toxicológicas han descrito afectación de los sistemas neurológico, respiratorio y
cardiovascular, necesidad de soporte inmediato y controversias sobre algunos
tratamientos, mientras que trabajos mecanísticos señalan inhibición mitocondrial y
múltiples efectos sobre órganos diana. La literatura más reciente también ha retomado
las secuelas neurológicas en sobrevivientes, entre ellas alteraciones cognitivas, motoras
538
y neuropsiquiátricas, lo que justifica seguimiento clínico posterior a exposiciones graves
(22-24).
Para el cloro, una revisión paraguas de datos humanos identificó que la retirada de la
exposición y el soporte respiratorio constituyen componentes centrales del manejo,
aunque la certeza de la evidencia para tratamientos específicos es variable. Un análisis
de exposiciones notificadas a centros toxicológicos estadounidenses mostró que los
episodios por cloro y cloraminas continuaron siendo frecuentes durante 2015-2022, con
incremento alrededor del periodo pandémico, lo que evidencia que la generación
accidental de gases por mezcla de productos sigue siendo un problema vigente. En
ambientes laborales, la prevención exige por ello compatibilidad química, etiquetado,
formación y control de procedimientos de limpieza y desinfección (25,26).
La literatura sobre amoníaco refuerza la necesidad de detección ambiental y de
tecnologías capaces de operar en condiciones reales de trabajo. Una revisión de 2024
sobre narices electrónicas destacó que la exposición crónica o repetida puede
relacionarse con irritación ocular, cutánea y respiratoria, mientras que los episodios
intensos pueden provocar disnea, cianosis y edema pulmonar. La dificultad para
disponer de sensores selectivos, estables y accesibles sigue siendo un reto tecnológico,
de manera que la instrumentación debe seleccionarse por desempeño validado y
mantenerse dentro de programas de calibración y verificación funcional (27).
En el caso del dióxido de azufre, una revisión toxicológica de 2026 reunió evidencia
sobre mecanismos irritativos, inflamatorios y sistémicos, mientras que un metaanálisis
de 2024 evaluó la asociación entre exposición ambiental de corto plazo y ocurrencia de
enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Aunque la extrapolación directa desde
contaminación ambiental hacia exposición ocupacional requiere cautela, estas
investigaciones respaldan la plausibilidad de efectos respiratorios y la necesidad de
539
evitar interpretar los límites laborales como fronteras absolutas entre seguridad y daño,
especialmente en trabajadores susceptibles o expuestos simultáneamente a otros
contaminantes (28,29).
Para dióxido de nitrógeno, una actualización sistemática y metaanálisis que amplió la
evidencia utilizada por las guías de calidad del aire de la OMS halló asociaciones entre
exposición de largo plazo y diferentes desenlaces de mortalidad, con certeza variable
según desenlace. El contexto ambiental y el ocupacional no son equivalentes, pero
ambos demuestran que la exposición respiratoria a NO tiene importancia sanitaria y
que los controles deben diseñarse con perspectiva preventiva, evitando que un
cumplimiento puntual de un límite o una medición aislada sustituya el análisis integral
de la exposición (30).
La evolución tecnológica ofrece oportunidades para fortalecer esta vigilancia.
Revisiones recientes describen nanosensores aplicables a minería, sistemas químicos
con procesamiento mediante aprendizaje automático, sensores térmicos
micromecanizados, plataformas microfluídicas miniaturizadas, dispositivos
semiconductores de nueva generación y sensores inteligentes integrados con
comunicaciones e Internet de las cosas. Estas tecnologías pueden mejorar sensibilidad,
portabilidad, respuesta y capacidad de alerta, aunque persisten retos de selectividad,
deriva, interferencias, estabilidad y validación, por lo que su incorporación debe
acompañarse de criterios metrológicos y de higiene industrial, no reemplazarlos
(31-36).
En Ecuador, la coexistencia de actividades mineras, industriales, de construcción,
tratamiento de aguas, agricultura, manufactura y servicios implica escenarios en los que
la exposición a gases tóxicos puede presentarse de manera rutinaria o accidental. La
relevancia local se relaciona menos con la existencia de un único contaminante y más
540
con la necesidad de disponer de procedimientos capaces de identificar qué gas puede
generarse, en qué tarea, bajo qué condiciones y con qué rapidez puede alcanzar niveles
peligrosos. La prevención requiere integrar información de procesos, fichas de datos de
seguridad, medición, mantenimiento, vigilancia médica y preparación para emergencias,
ajustando criterios internacionales al marco normativo aplicable y a las características
reales del puesto.
El vacío de conocimiento abordado por esta revisión se ubica en la necesidad de
integrar, dentro de un mismo análisis, las complicaciones clínicas de gases prioritarios
con los parámetros operativos utilizados por la higiene industrial para prevenirlas. La
información toxicológica aislada permite reconocer daño, mientras que los límites de
exposición sin interpretación clínica pueden conducir a una lectura incompleta del
riesgo; por ello, resulta necesario relacionar síntomas, órganos diana, valores IDLH,
límites ocupacionales, métodos analíticos, monitoreo, controles de ingeniería,
protección respiratoria y respuesta en espacios confinados dentro de una estructura
coherente de salud y seguridad ocupacional.
El objetivo general consistió en analizar las complicaciones de los gases tóxicos en el
desarrollo de la higiene industrial desde la perspectiva técnica de la salud y seguridad
ocupacional. Como objetivos específicos se planteó caracterizar los principales gases de
importancia laboral y sus efectos sobre órganos y sistemas, comparar criterios técnicos
de exposición y medición disponibles para CO, HS, Cl, NH, SO y NO, examinar la
utilidad del monitoreo ambiental y de las tecnologías de detección, y establecer cómo la
jerarquía de controles, la vigilancia de la salud y la preparación ante emergencias
pueden reducir el riesgo.
Metodología
541
Se desarrolló una revisión narrativa de carácter integrativo orientada a sintetizar
evidencia toxicológica, clínica, higiénica y preventiva sobre exposición ocupacional a
gases tóxicos, tomando como base el documento de investigación proporcionado y
realizando una actualización bibliográfica externa hasta el 4 de septiembre de 2026. El
diseño se seleccionó porque el problema reúne fuentes heterogéneas, entre ellas
revisiones clínicas, estudios epidemiológicos, normas técnicas, límites ocupacionales,
métodos de muestreo y documentos de organismos especializados, cuya integración
cualitativa permite analizar la relación entre daño a la salud, medición de la exposición
y control preventivo sin atribuir efectos combinados que no hayan sido estimados
formalmente.
La búsqueda científica se efectuó en PubMed/MEDLINE para localizar revisiones,
metaanálisis y estudios recientes relacionados con monóxido de carbono, sulfuro de
hidrógeno, cloro, amoníaco, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, intoxicación,
exposición ocupacional, secuelas, vigilancia y detección. De forma complementaria se
consultaron repositorios y páginas oficiales de la Organización Internacional del
Trabajo, Organización Mundial de la Salud, National Institute for Occupational Safety
and Health, Occupational Safety and Health Administration e International Organization
for Standardization, priorizando documentos con aplicación directa a higiene industrial,
control de sustancias químicas, espacios confinados, protección respiratoria y sistemas
de gestión (1-17).
Se utilizaron términos en español e inglés y combinaciones equivalentes a los
descriptores occupational exposure, industrial hygiene, toxic gases, carbon monoxide,
hydrogen sulfide, chlorine, ammonia, sulfur dioxide, nitrogen dioxide, gas detection,
confined spaces, respiratory protection y hierarchy of controls. Las expresiones se
articularon con operadores AND y OR según la pregunta específica, de modo que las
542
búsquedas clínicas vincularon cada gas con poisoning, toxicity, health effects o
sequelae, mientras que las búsquedas preventivas relacionaron los agentes con exposure
limits, monitoring, sampling, engineering controls, sensors y occupational safety. No se
aplicó un operador NOT de manera sistemática para evitar excluir literatura
multidisciplinaria relevante.
El intervalo temporal prioritario comprendió 2021-2026, conforme con el propósito de
actualizar el documento base y privilegiar evidencia reciente. Se admitieron fuentes
anteriores cuando correspondieron a referencias normativas vigentes, métodos
analíticos, revisiones toxicológicas fundamentales o documentos que continúan siendo
utilizados por organismos de salud y seguridad ocupacional. Este criterio permitió
mantener la referencia de 2019 sobre mecanismos del HS y documentos regulatorios
anteriores que continúan vigentes, sin desplazar la actualización principal sustentada en
revisiones y publicaciones de los últimos cinco años (18-36).
Se incluyeron documentos con identificación bibliográfica verificable, pertinencia
directa para exposición a gases, descripción de efectos en salud, límites de exposición o
métodos de evaluación, así como publicaciones sobre tecnologías de detección con
posible aplicación a seguridad ocupacional. Se excluyeron contenidos comerciales sin
respaldo técnico, fuentes sin autoría institucional o trazabilidad, publicaciones centradas
exclusivamente en aplicaciones terapéuticas del gas a concentraciones fisiológicas sin
relación con toxicidad, documentos duplicados y estudios cuya información no permitía
establecer con claridad el agente, la población o el contexto de exposición. La selección
se realizó por relevancia temática y calidad de la fuente, sin pretender exhaustividad
propia de una revisión sistemática.
La unidad de análisis estuvo constituida por documentos científicos y técnicos, no por
participantes individuales, por lo que no se estableció muestra probabilística ni tamaño
543
muestral clínico. Para cada fuente se extrajo información sobre agente, sector o proceso
de generación, propiedades relevantes para la exposición, ruta principal, mecanismos de
daño, manifestaciones agudas, posibles secuelas, órganos diana, criterios NIOSH REL,
OSHA PEL, valores IDLH, métodos analíticos de referencia, controles de ingeniería,
medidas administrativas, protección respiratoria, vigilancia médica y respuesta ante
emergencias. La extracción se organizó en una matriz comparativa destinada a reducir
inconsistencias entre la síntesis narrativa y los elementos cuantitativos presentados en
resultados.
Los valores de exposición utilizados para las comparaciones cuantitativas se tomaron
directamente de las fichas del NIOSH Pocket Guide para los seis gases seleccionados,
porque estas fichas presentan conjuntamente REL de NIOSH, PEL de OSHA, IDLH,
métodos de medición, síntomas y órganos diana (8-14). Se mantuvo la unidad ppm y la
base temporal original de cada límite; por esta razón, los valores TWA, ST, ceiling y
picos máximos no se interpretaron como equivalentes. En el gráfico comparativo de
límites se utilizó únicamente el valor principal indicado para cada organismo con
finalidad descriptiva, incluyendo una nota explícita sobre las diferencias de base
temporal.
La clasificación de órganos y sistemas diana se realizó a partir de los campos Target
Organs de NIOSH y se codificó en categorías comparables: respiratorio, ocular,
cutáneo, cardiovascular, sistema nervioso central y sangre. Se contabilizó la presencia
de cada categoría entre los seis agentes, sin asignar ponderaciones de gravedad ni inferir
riesgo relativo. El monóxido de carbono se codificó con pulmones, sistema
cardiovascular, sangre y sistema nervioso central; HS con ojos, sistema respiratorio y
sistema nervioso central; cloro, amoníaco y SO con ojos, piel y sistema respiratorio;
NO con ojos, sistema respiratorio y sistema cardiovascular (9-14).
544
La capacidad analítica se describió mediante el número de métodos NIOSH y OSHA
listados en cada ficha, contabilizando cada código metodológico de forma
independiente. Esta variable no se interpretó como indicador de superioridad de un
método ni como medida de facilidad de monitoreo, sino como representación
descriptiva de la disponibilidad de procedimientos de referencia mencionados por
NIOSH para cada agente. La interpretación se complementó con el NMAM, que
establece que la elección del protocolo debe considerar desempeño, exactitud, costo,
número de muestras y adecuación a la situación específica de exposición (17).
La síntesis clínica priorizó revisiones contemporáneas sobre CO, HS, cloro, amoníaco,
SO y NO, contrastándolas con las manifestaciones resumidas en NIOSH. Para CO se
consideraron revisiones clínicas y toxicológicas de 2024; para HS se integraron
revisiones sobre baja exposición, tratamiento, mecanismos y secuelas neurológicas; para
cloro se empleó una revisión paraguas y un estudio de tendencias de centros
toxicológicos; para amoníaco se incorporó una revisión sobre detección y seguridad;
para SO y NO se utilizaron revisiones y metaanálisis recientes que aportan contexto
sobre daño respiratorio y cardiovascular (18-30).
La síntesis preventiva se estructuró con la jerarquía de controles como principio
ordenador. La eliminación y sustitución se interpretaron como medidas de mayor nivel,
seguidas por encapsulamiento, aislamiento, ventilación localizada, extracción,
automatización, sensores y alarmas dentro de los controles de ingeniería; posteriormente
se consideraron procedimientos, permisos, capacitación, señalización, mantenimiento,
inspección y organización del trabajo. El equipo de protección personal se mantuvo
como última barrera y la protección respiratoria se relacionó con evaluación
atmosférica, selección por contaminante, ajuste y condiciones IDLH, conforme con los
criterios de NIOSH y OSHA (5,6,15).
545
Los espacios confinados se analizaron como un escenario transversal porque pueden
contener simultáneamente deficiencia de oxígeno, tóxicos e inflamables. Se integraron
los requisitos de evaluación previa, condiciones aceptables de entrada, ventilación,
aislamiento de fuentes, permiso, comunicación, vigilancia externa y capacidad de
rescate, evitando considerar el rescate improvisado como respuesta válida. La lógica
metodológica se orientó a identificar cómo la medición atmosférica y el control
operacional pueden prevenir exposiciones secundarias de compañeros o rescatistas,
aspecto coherente con el documento base y con el estándar OSHA para espacios que
requieren permiso (16).
La vigilancia de la salud se trató como complemento de la higiene industrial y no como
sustituto del control ambiental. Se integraron evaluación médica inicial, antecedentes de
exposición, valoración respiratoria, función pulmonar, examen neurológico y
cardiovascular, biomarcadores cuando existe validación para el agente, seguimiento
periódico y registro epidemiológico. La interpretación evitó proponer protocolos
clínicos específicos no respaldados por las fuentes, debido a que la pertinencia de cada
prueba depende del gas, la intensidad y la duración de la exposición, las tareas
realizadas y la normativa aplicable en cada jurisdicción.
Las tecnologías de sensores se examinaron por su potencial para mejorar detección
temprana, monitoreo personal y alertas, considerando trabajos recientes sobre
nanomateriales, aprendizaje automático, MEMS térmicos, microfluídica,
semiconductores y sistemas inteligentes conectados (31-36). La integración no asumió
que una tecnología experimental pueda sustituir detectores certificados, debido a que
selectividad, interferencias, calibración, deriva, estabilidad y tiempo de respuesta
determinan la utilidad real en seguridad ocupacional. Se valoró, por tanto, la innovación
546
desde una perspectiva de desempeño y validación metrológica, compatible con los
principios de higiene industrial.
El análisis de datos fue descriptivo e integrativo. Los valores oficiales se organizaron en
cuatro tablas y cuatro gráficos complementarios, sin realizar metaanálisis, estimaciones
combinadas ni pruebas inferenciales, ya que las fuentes presentaron diseños,
poblaciones, bases temporales y desenlaces heterogéneos. Los gráficos se construyeron
a partir de datos oficiales de NIOSH y OSHA, conservando sus unidades y señalando
las limitaciones de comparabilidad. La discusión se realizó mediante triangulación entre
toxicología, evidencia clínica, criterios de exposición, capacidad de medición y
jerarquía de controles, con énfasis en la aplicabilidad para salud y seguridad
ocupacional.
No se requirió aprobación por un comité de ética ni consentimiento informado porque
no se reclutaron personas, no se utilizaron historias clínicas identificables y no se
generaron datos primarios de sujetos humanos. Se respetaron principios de integridad
científica mediante uso exclusivo de fuentes verificables, conservación de los valores
reportados por organismos oficiales, exclusión de estadísticas no confirmadas y cita
correlativa en estilo Vancouver. Las limitaciones inherentes a una revisión narrativa,
como la heterogeneidad de fuentes y la imposibilidad de estimar un efecto combinado,
se consideraron al interpretar los hallazgos y se desarrollaron dentro de la discusión sin
crear apartados adicionales.
547
Resultados
La integración de la evidencia permitió identificar un patrón común: los seis gases
analizados pueden producir afectación respiratoria, pero difieren de manera importante
en mecanismo de toxicidad, órganos diana, concentraciones de emergencia, base
temporal de los límites ocupacionales y necesidades de medición. Esta heterogeneidad
confirma que la categoría general de “gas tóxico” es insuficiente para diseñar controles
específicos, pues la estrategia preventiva debe partir del agente, del proceso y de la
posibilidad de liberación rutinaria o accidental. Los resultados se presentan mediante
una secuencia intercalada de tablas y gráficos que relaciona perfil toxicológico, criterios
cuantitativos, órganos afectados y herramientas de control.
La primera síntesis compara las características que determinan la relevancia de cada
agente en higiene industrial. Se priorizaron fuentes o procesos ocupacionales frecuentes,
mecanismo o característica toxicológica dominante, principales complicaciones agudas
y la observación preventiva que condiciona el control, de modo que la tabla no se limite
a enumerar síntomas sino que conecte el daño con decisiones de seguridad operacional
(9-14,18-30).
Tabla 1. Perfil técnico-toxicológico de gases tóxicos prioritarios en higiene industrial
Gas
Fuentes/procesos
ocupacionales
Característica
toxicológica
Complicaciones
agudas principales
Observación
preventiva crítica
CO
Combustión
incompleta; motores,
hornos, calderas,
espacios confinados
Forma
carboxihemoglobina y
altera la
disponibilidad/utilizac
ión de O
Cefalea, mareo,
confusión, síncope,
daño neurológico y
cardiovascular
Incoloro e inodoro;
requiere detección
instrumental y control
de
combustión/ventilació
n
HS
Aguas residuales,
alcantarillado,
petróleo, minería,
descomposición
orgánica
Toxicidad sistémica
con inhibición
mitocondrial; rápida
incapacidad a alta
concentración
Irritación, cefalea,
pérdida de conciencia,
convulsiones,
insuficiencia
respiratoria
El olfato se fatiga;
alto riesgo en espacios
confinados; medir
antes y durante el
ingreso
Cl
Desinfección,
tratamiento de agua,
procesos químicos,
mezclas incompatibles
Irritante/oxidante
altamente reactivo
Quemadura ocular y
respiratoria, tos,
broncoespasmo,
neumonitis, edema
pulmonar
Segregar
incompatibles,
sistemas cerrados,
ventilación y
respuesta a fugas
NH
Refrigeración
industrial,
fertilizantes,
Alta solubilidad;
lesión de mucosas y
vías respiratorias
Irritación ocular,
disnea, sibilancias,
dolor torácico, edema
Control de fugas,
ventilación,
protección
548
Gas
Fuentes/procesos
ocupacionales
Característica
toxicológica
Complicaciones
agudas principales
Observación
preventiva crítica
agricultura y procesos
químicos
pulmonar,
quemaduras
ocular/facial y
sensores adecuados
SO
Combustión de
combustibles con
azufre y procesos
industriales
Irritante respiratorio
soluble
Irritación, tos,
broncoconstricción y
deterioro respiratorio
Control de
combustión/emisión,
extracción y
vigilancia de picos
NO
Combustión,
soldadura y procesos
químicos
Irritante oxidante con
posible lesión
pulmonar diferida
Tos, disnea,
disminución
funcional, edema
pulmonar, cianosis
Extracción localizada,
monitoreo de corta
duración y
seguimiento tras
exposiciones
relevantes
Fuente: elaboración a partir de NIOSH y evidencia clínica seleccionada (9-14,18-30).
La Tabla 1 evidencia dos grandes patrones toxicológicos. CO y HS pueden producir
deterioro neurológico y cardiovascular mediante alteraciones del transporte o utilización
del oxígeno, por lo que la pérdida de conciencia puede aparecer sin una fase prolongada
de irritación que advierta al trabajador. Cl, NH, SO y NO muestran un predominio
irritativo respiratorio, aunque la gravedad puede progresar a broncoespasmo, neumonitis
o edema pulmonar. Esta diferencia modifica la vigilancia: en asfixiantes químicos
resulta crítica la detección instrumental aun sin signos sensoriales, mientras que en
irritantes se requiere además controlar reactividad, contacto ocular, compatibilidades y
liberaciones durante transferencia o mantenimiento.
Los perfiles también muestran que el olor no debe utilizarse como sistema de alarma.
CO carece de olor, mientras que HS puede generar fatiga olfativa; en agentes irritantes,
la percepción de un olor intenso puede indicar que la exposición ya ocurrió y no ofrece
una medida cuantitativa fiable. Por ello, la evaluación preventiva debe combinar
información del proceso con sensores, muestreo y alarmas ajustadas a criterios técnicos,
además de procedimientos para actuar frente a desviaciones antes de que se produzca
daño clínico (8-14).
La comparación de valores IDLH aporta una referencia para situaciones en las que una
exposición aguda amenaza la vida, puede producir efectos irreversibles o impedir el
escape. Estos valores no corresponden a límites de trabajo rutinario y no deben
549
utilizarse para autorizar una exposición, pero permiten dimensionar la rapidez con que
una fuga puede convertir un ambiente en escenario de emergencia y orientar selección
de protección respiratoria para ingreso planificado o rescate (9-16).
Gráfico 1. Concentraciones IDLH de NIOSH para seis gases tóxicos de interés ocupacional
(ppm)
Fuente: elaboración a partir de NIOSH Pocket Guide (9-14).
Nota: La escala logarítmica facilita visualizar valores de diferente magnitud; IDLH no constituye un límite de
exposición rutinaria.
El Gráfico 1 muestra una amplitud de dos órdenes de magnitud entre los valores IDLH
seleccionados. Cl presenta el valor más bajo, con 10 ppm, seguido por NO con 13
ppm; HS y SO se sitúan en 100 ppm, NH en 300 ppm y CO en 1200 ppm. Esta
distribución no implica que un gas sea “seguro” por tener un valor numérico mayor,
porque los mecanismos de daño, la unidad temporal, las propiedades físicas y la
respuesta clínica difieren, pero evidencia la necesidad de configurar alarmas y planes
de entrada según el agente específico y no mediante un umbral genérico para todos los
gases (9-14).
Desde la práctica de higiene industrial, la lectura del IDLH debe vincularse con
escenarios de peor caso, ventilación, volumen del recinto, tasa de liberación y
posibilidad de fallo de los sistemas de control. Una concentración desconocida o
550
potencialmente IDLH modifica de manera inmediata la selección respiratoria, ya que
OSHA exige equipos de presión positiva adecuados para atmósferas IDLH y considera
las atmósferas con deficiencia de oxígeno dentro de esa categoría salvo demostración
técnica en condiciones específicas. Esta relación convierte el dato toxicológico en un
criterio operacional para permisos de trabajo, rescate y respuesta a fugas (15,16).
Los límites ocupacionales para exposición rutinaria utilizan bases temporales distintas.
NIOSH puede establecer promedio ponderado, límite de corta duración o techo,
mientras que OSHA puede definir TWA, ceiling o picos máximos para determinados
agentes. La Tabla 2 conserva esa diferencia para evitar una comparación incorrecta y
añade los métodos analíticos listados en las fichas, lo que facilita relacionar criterio de
exposición con capacidad de medición (9-14,17).
Tabla 2. Límites ocupacionales y métodos analíticos de referencia para los seis gases
Gas
NIOSH REL
OSHA PEL
IDLH NIOSH
Método(s)
NIOSH
Método(s) OSHA
CO
TWA 35 ppm; C
200 ppm
TWA 50 ppm
1200 ppm
6604
ID209; ID210
HS
C 10 ppm [10 min]
C 20 ppm; pico 50
ppm [10 min]
100 ppm
6013
ID141
Cl
C 0,5 ppm [15
min]
C 1 ppm
10 ppm
6011
ID101; ID126SGX
NH
TWA 25 ppm; ST
35 ppm
TWA 50 ppm
300 ppm
3800; 6015; 6016
ID188
SO
TWA 2 ppm; ST 5
ppm
TWA 5 ppm
100 ppm
3800; 6004
ID104; ID200
NO
ST 1 ppm
C 5 ppm
13 ppm
6014
ID182
Fuente: NIOSH Pocket Guide y NIOSH Manual of Analytical Methods (9-14,17).
La Tabla 2 confirma que los valores numéricos no pueden interpretarse sin su base
temporal. El CO utiliza TWA y un ceiling adicional en NIOSH; HS se controla
mediante techo de diez minutos y OSHA añade un pico máximo específico; Cl se
expresa como ceiling; NH y SO incorporan TWA con límites de corta duración en
NIOSH; NO se expresa como límite de corta duración frente a un ceiling de OSHA.
Estas diferencias responden a la toxicocinética y al patrón de daño esperado, por lo que
551
una estrategia de muestreo de jornada completa puede ser insuficiente para agentes
cuyos efectos dependen de picos breves.
La disponibilidad de métodos NIOSH y OSHA proporciona rutas analíticas
reconocidas, pero la selección final debe considerar rango de concentración,
interferencias, sensibilidad, tiempo de muestreo y posibilidad de cambios rápidos. Los
detectores directos son especialmente útiles para alarmas y decisiones inmediatas,
mientras que los métodos integrados o de laboratorio aportan documentación
cuantitativa para evaluación de exposición y cumplimiento. La práctica más robusta
combina mediciones de distinta escala temporal en función de la tarea, evitando utilizar
un promedio de jornada para ocultar episodios de alta intensidad (17).
Para visualizar la magnitud de los valores principales se construyó un contraste
descriptivo entre NIOSH REL y OSHA PEL. Debido a que los límites no comparten
siempre la misma base temporal, el gráfico no representa equivalencia regulatoria ni una
razón de toxicidad, sino que permite observar cuánto varían las cifras de referencia entre
agentes y organismos cuando se selecciona el valor principal de cada ficha (9-14).
Gráfico 2. Comparación descriptiva de valores principales NIOSH REL y OSHA PEL
Fuente: elaboración a partir de NIOSH Pocket Guide (9-14).
552
Nota: Los valores graficados tienen bases temporales diferentes (TWA, ST o ceiling); el contraste es descriptivo y no
representa equivalencia toxicológica.
El Gráfico 2 muestra que CO y NH poseen valores principales numéricamente más
altos que los demás gases, mientras Cl, SO y NO operan en concentraciones de pocos
ppm. HS ocupa una posición intermedia, con 10 ppm como ceiling NIOSH y 20 ppm
como ceiling OSHA. La diferencia entre 0,5 ppm de Cl y 50 ppm de CO o NH
demuestra por qué los detectores, rangos de calibración y procedimientos no son
intercambiables. La medición debe diseñarse para el contaminante esperado y conservar
precisión suficiente alrededor del criterio que se desea evaluar.
Las discrepancias entre NIOSH y OSHA no deben describirse como contradicciones
simples, porque NIOSH emite recomendaciones de salud ocupacional y OSHA
establece límites regulatorios dentro de su jurisdicción, además de utilizar bases
temporales distintas según la sustancia. En una gestión preventiva basada en riesgo
resulta prudente identificar todos los criterios aplicables, documentar cuál se adopta
para el programa de higiene industrial y justificar decisiones más protectoras cuando el
proceso, la susceptibilidad o la incertidumbre de medición lo aconsejen (4-6,8).
Además de los límites, la severidad depende de los órganos afectados y de la posibilidad
de secuelas. La Tabla 3 integra los síntomas y órganos diana indicados por NIOSH con
hallazgos clínicos recientes, permitiendo distinguir manifestaciones que funcionan
como señales tempranas de aquellas asociadas con daño severo o persistente
(9-14,18-30).
Tabla 3. Manifestaciones, órganos diana y evidencia clínica reciente por agente
Gas
Órganos diana NIOSH
Hallazgos recientes
relevantes
CO
Cardiovascular, pulmones,
sangre, SNC
Revisiones 2024 describen
secuelas
neurocognitivas/cardiacas y
mecanismos mitocondriales
HS
Ojos, respiratorio, SNC
Revisiones recientes
mantienen preocupación por
secuelas neurológicas y
toxicidad sistémica
553
Gas
Órganos diana NIOSH
Hallazgos recientes
relevantes
Cl
Ojos, piel, respiratorio
Revisión paraguas confirma
importancia de retirar
exposición y soporte
respiratorio; exposiciones
siguen notificándose
NH
Ojos, piel, respiratorio
Revisión 2024 destaca
necesidad de monitoreo y
desarrollo de sensores
selectivos para entornos
laborales
SO
Ojos, piel, respiratorio
Revisión 2026 y metaanálisis
2024 respaldan relevancia de
mecanismos y desenlaces
respiratorios
NO
Ojos, respiratorio,
cardiovascular
Metaanálisis 2024 de
exposición prolongada
aporta contexto sobre
desenlaces respiratorios y
cardiovasculares
Fuente: elaboración a partir de NIOSH y literatura clínica seleccionada (9-14,18-30).
La Tabla 3 demuestra que el aparato respiratorio constituye el eje común de la
exposición a los seis gases, aunque con expresiones distintas. En CO la lesión
respiratoria no es el único mecanismo relevante, porque la hipoxia y la interacción con
hemoproteínas explican parte del compromiso neurológico y cardiovascular; HS
comparte afectación del sistema nervioso central y puede producir colapso rápido; Cl,
NH, SO y NO presentan un patrón irritativo que puede progresar desde tos y disnea
hasta lesión pulmonar grave. La presencia de síntomas oculares en cinco agentes
refuerza la necesidad de protección facial y respuesta de descontaminación cuando
corresponda.
La evidencia sobre secuelas añade una dimensión temporal a la vigilancia de la salud.
CO puede asociarse con alteraciones neurocognitivas y cardiacas posteriores a la
intoxicación aguda, mientras que HS presenta literatura sobre déficits neurológicos
persistentes en sobrevivientes. Para irritantes respiratorios, la recuperación puede ser
completa en exposiciones leves, pero los eventos severos justifican seguimiento por
posible hiperreactividad, deterioro funcional o complicaciones pulmonares. La
vigilancia médica debe, por tanto, vincularse con la historia real de exposición y no
limitarse a exámenes rutinarios desconectados de los eventos registrados (18-30).
554
La frecuencia de órganos diana se codificó a partir de las seis fichas NIOSH para
visualizar qué sistemas aparecen de forma repetida. Esta codificación es descriptiva y
no pondera gravedad, dosis ni probabilidad, pero ayuda a identificar áreas clínicas y
preventivas que deben estar disponibles en programas de vigilancia y respuesta (9-14).
Gráfico 3. Frecuencia de órganos y sistemas diana reportados por NIOSH en los seis gases
Fuente: elaboración propia mediante codificación de las fichas NIOSH (9-14).
Nota: El conteo representa presencia de cada órgano/sistema como diana y no pondera gravedad, dosis ni frecuencia
clínica.
El Gráfico 3 confirma que el sistema respiratorio aparece como órgano diana en los seis
gases, seguido por compromiso ocular en cinco. La piel figura en tres gases irritantes,
mientras que sistema cardiovascular y sistema nervioso central aparecen en dos agentes
cada uno y la sangre se identifica específicamente en CO. Este patrón apoya un enfoque
de vigilancia escalonado: evaluación respiratoria como componente transversal, examen
ocular y cutáneo cuando existe exposición a irritantes y valoración neurológica o
cardiovascular cuando el perfil del gas o la intensidad del evento lo justifique.
La frecuencia no debe confundirse con severidad. El sistema nervioso central aparece en
menos agentes, pero la pérdida de conciencia por CO o HS puede generar accidentes
secundarios, caídas, incapacidad de escape y muerte en minutos. Del mismo modo, el
555
edema pulmonar por cloro, amoníaco o NO puede evolucionar después de la
exposición inicial. Por ello, los protocolos de emergencia deben considerar no solo qué
órgano suele afectarse, sino qué evolución clínica es posible y cuánto tiempo puede
transcurrir antes de que se manifiesten complicaciones relevantes (18-30).
La última síntesis organiza las medidas preventivas en función del punto del proceso
donde actúan. Se incluyeron eliminación, sustitución, ingeniería, administración,
monitoreo, protección personal y gestión de espacios confinados, integrando los
principios de jerarquía con las posibilidades actuales de detección y con requisitos de
respuesta a atmósferas peligrosas (4-7,15-17,31-36).
Tabla 4. Aplicación operativa de la jerarquía de controles, monitoreo y respuesta a
emergencias
Nivel/función
Medidas aplicables
Verificación técnica
Eliminación
Suprimir uso o generación
del gas cuando el proceso
pueda rediseñarse
Revisión de proceso,
incidentes y cambios de
materia prima
Sustitución
Reemplazar por sustancia o
tecnología menos peligrosa,
evaluando riesgos nuevos
Evaluación comparativa de
toxicidad, reactividad e
inflamabilidad
Ingeniería
Encapsulamiento, sistemas
cerrados, aislamiento,
extracción localizada,
ventilación, automatización
Medición de exposición,
pruebas de ventilación,
mantenimiento y alarmas
Administrativos
Procedimientos, permisos,
señalización, capacitación,
restricción, inspecciones,
simulacros
Auditorías, observaciones de
tarea, registros de formación
e incidentes
Monitoreo/detección
Detectores
personales/portátiles/fijos,
alarmas, muestreo personal y
de área
Calibración, pruebas
funcionales, trazabilidad y
comparación con OEL
EPP/respiratoria
Protección ocular/facial, ropa
química, guantes y
respiradores seleccionados
por peligro
Programa respiratorio, fit
test, inspección,
mantenimiento y
entrenamiento
Espacios
confinados/emergencia
Evaluación atmosférica,
ventilación, aislamiento,
permiso, vigilancia externa,
rescate planificado
Registro de entrada,
monitoreo continuo cuando
proceda, simulacros y
revisión postincidente
Fuente: elaboración a partir de NIOSH, OSHA, ISO 45001 y revisiones de sensores (4-7,15-17,31-36).
La Tabla 4 muestra que la prevención más robusta se construye por capas y no mediante
una medida aislada. Eliminar una fuente o sustituir una sustancia reduce el peligro antes
de que exista exposición; los controles de ingeniería limitan la liberación o separan al
trabajador; los controles administrativos organizan tareas y respuesta; el monitoreo
556
confirma si el sistema funciona; el equipo de protección personal actúa como barrera
residual. En espacios confinados, estas capas deben integrarse dentro de un permiso de
entrada y una estrategia de rescate, porque una falla de ventilación o una generación
inesperada puede cambiar la atmósfera con rapidez (5,6,15,16).
El monitoreo posee además una función de verificación del desempeño. Una
concentración dentro de criterio no demuestra por sola que el proceso sea seguro en
todo momento, pero series de datos representativos permiten detectar tendencias,
identificar picos, evaluar mantenimiento y comprobar la eficacia de modificaciones de
ingeniería. La incorporación de sensores conectados y análisis inteligente ofrece la
posibilidad de generar alertas tempranas y trazabilidad continua, siempre que se
controlen calibración, deriva e interferencias y que el sistema se pruebe bajo
condiciones comparables con el ambiente de trabajo (31-36).
Como indicador descriptivo de la infraestructura metodológica, se contabilizaron los
códigos de métodos NIOSH y OSHA que aparecen en las fichas de cada gas. El
recuento no clasifica calidad ni disponibilidad comercial, pero muestra que existen
procedimientos de referencia diferenciados y que un programa de higiene industrial
puede apoyarse en más de una alternativa de medición para algunos agentes (9-14,17).
Gráfico 4. Número de métodos de referencia NIOSH/OSHA listados para medición
ocupacional por gas
557
Fuente: elaboración a partir de las fichas NIOSH Pocket Guide y NMAM (9-14,17).
Nota: El número de métodos no representa calidad, sensibilidad ni facilidad de implementación; cada método debe
seleccionarse según el escenario de exposición.
El Gráfico 4 evidencia que NH y SO presentan cuatro métodos listados en conjunto,
CO y Cl tres, y HS y NO dos. Esta variación ilustra que la estrategia analítica debe
seleccionarse con conocimiento de las alternativas disponibles, y que el número de
métodos no sustituye la evaluación de desempeño. En gases con cambios rápidos, el
método de laboratorio puede complementarse con lectura directa; en evaluaciones de
cumplimiento o caracterización de jornada, un muestreo integrado puede ofrecer mayor
representatividad, siempre que su tiempo de colección sea coherente con el tipo de
límite que se desea comparar.
En conjunto, los resultados vinculan tres dimensiones que frecuentemente se analizan
por separado: toxicidad, cuantificación y control. La evidencia clínica define qué daño
se pretende prevenir, los valores de exposición y los métodos permiten determinar
cuánto contaminante alcanza al trabajador, y la jerarquía de controles establece dónde
intervenir para reducir el riesgo. La integración de estas dimensiones resulta
especialmente importante en tareas no rutinarias, mantenimiento, limpieza, arranque,
parada y rescate, donde las concentraciones pueden diferir de las condiciones normales
558
y la dependencia exclusiva del equipo de protección personal puede resultar
insuficiente.
Los hallazgos sostienen finalmente que la vigilancia ambiental y la vigilancia de la
salud deben comunicarse entre sí. Un patrón de síntomas en un grupo de trabajadores
puede justificar revisar la estrategia de muestreo, mientras que un pico detectado o una
alarma puede indicar la necesidad de evaluación médica aun cuando la exposición haya
sido breve. Esta retroalimentación convierte los registros de medición, incidentes, cuasi
accidentes, mantenimiento y salud en información para la mejora continua, en
consonancia con la lógica de sistemas de gestión de seguridad y salud ocupacional (7).
Discusión
La evidencia integrada confirma que la exposición a gases tóxicos constituye un
problema multidimensional en el que la toxicología, la higiene industrial, la ingeniería,
la medicina ocupacional y la gestión de emergencias deben operar de forma coordinada.
El hallazgo transversal de afectación respiratoria no implica homogeneidad, porque CO
y HS pueden incapacitar por mecanismos sistémicos y neurológicos, mientras que Cl,
NH, SO y NO producen un componente irritativo prominente. Esta diversidad explica
por qué una política general de “uso de respirador” resulta científicamente débil si no se
acompaña de identificación del agente, medición, ventilación, compatibilidad química y
respuesta específica (4-16).
La amplitud observada en los valores IDLH, desde 10 ppm para cloro hasta 1200 ppm
para monóxido de carbono, es una demostración cuantitativa de esa heterogeneidad. El
valor menor no representa automáticamente una mayor carga de enfermedad en
cualquier escenario, pero informa sobre el orden de concentración en el que una
atmósfera puede convertirse en inmediatamente peligrosa y modifica decisiones de
559
emergencia. En la práctica, la concentración real puede aumentar con rapidez durante
una fuga, por lo que el diseño de alarmas debe considerar agente, velocidad de
liberación, ventilación y tiempo necesario para evacuar, evitando umbrales genéricos
aplicados indistintamente (9-16).
El monóxido de carbono ilustra de manera clara la insuficiencia de los sentidos como
barrera preventiva. Su ausencia de color y olor impide una advertencia natural, mientras
que las revisiones de Savioli y colaboradores y de Dent y colaboradores describen
mecanismos capaces de producir daño neurológico y cardiovascular incluso después de
retirar al paciente de la fuente (18,19). La concordancia entre la ficha NIOSH y la
literatura clínica refuerza la necesidad de detectores en procesos de combustión y
espacios con ventilación limitada, así como de investigación de cualquier episodio de
cefalea, mareo o síncope agrupado entre trabajadores expuestos.
La revisión de Weaver añade que la valoración de intoxicación por CO no puede
descansar únicamente en una cifra aislada, pues el contexto de exposición, los síntomas
y la evolución determinan la conducta clínica (20). Trasladado al ámbito preventivo, el
mismo principio indica que un monitoreo puntual no representa necesariamente el perfil
completo de una jornada. Motores, hornos, calderas, arranque de equipos y tareas de
mantenimiento pueden generar picos que un promedio diluye, por lo que la
combinación de lectura directa y muestreo representativo es más congruente con la
variabilidad real del proceso.
El HS presenta un reto adicional por la pérdida rápida de la capacidad olfativa. La
revisión de Batterman y colaboradores muestra que existe discusión científica sobre
efectos a bajas concentraciones y que muchos estudios están limitados por error de
medición y confusión, pero la incertidumbre no justifica utilizar el olor como criterio de
seguridad (21). Por el contrario, la incertidumbre refuerza la conveniencia de medir de
560
manera objetiva y de mantener controles que reduzcan la exposición tanto en
condiciones normales como durante picos, especialmente en alcantarillado, aguas
residuales, petróleo, minería y descomposición orgánica.
Las revisiones de Santana Maldonado y colaboradores, Ng y colaboradores, y
Rumbeiha y Kim coinciden en que la intoxicación aguda por HS puede comprometer
sistemas respiratorio, cardiovascular y neurológico, y que una parte de los
sobrevivientes puede presentar secuelas persistentes (22-24). Esta evidencia es relevante
para la salud ocupacional porque demuestra que el indicador de éxito no debe limitarse
a la supervivencia de un accidente. Un programa completo necesita documentar la
exposición, realizar seguimiento clínico cuando corresponda, investigar causas y
corregir condiciones del proceso para evitar recurrencias.
El cloro muestra una relación directa entre reactividad química y daño respiratorio. La
revisión paraguas de Nambiema y colaboradores señaló que la retirada de la exposición
posee una base de evidencia sólida dentro del manejo inicial, mientras que la evidencia
para algunas intervenciones terapéuticas específicas es menos consistente (25). Desde la
prevención, este resultado favorece medidas que impidan la generación o liberación:
segregación de incompatibles, automatización de dosificación, ventilación, detección,
capacitación y procedimientos que prohíban mezclas no autorizadas, de forma que el
control ocurra antes de que la atención clínica sea necesaria.
Los datos de Atalla y colaboradores sobre exposiciones a cloro y cloraminas notificadas
en Estados Unidos muestran que los eventos accidentales siguen siendo actuales y que
la intensificación de prácticas de desinfección puede modificar su frecuencia (26).
Aunque gran parte de esos casos ocurrió en entornos residenciales, el mecanismo de
generación por mezcla de productos es plenamente relevante para servicios de limpieza,
mantenimiento, laboratorios y tratamiento de aguas. La transferencia al ámbito laboral
561
debe realizarse con cautela, pero sustenta la importancia de la comunicación de peligros
y del entrenamiento práctico sobre incompatibilidades químicas.
El amoníaco combina alta solubilidad, efecto irritante y uso extendido en refrigeración,
fertilizantes y procesos industriales. Reis y colaboradores destacaron la necesidad de
mejorar herramientas de detección y revisaron tecnologías de narices electrónicas con
potencial para entornos de trabajo (27). Esta línea de investigación coincide con el
resultado de la presente síntesis, donde NH dispone de varios métodos de referencia
pero continúa necesitando sensores capaces de responder de forma selectiva y estable.
La innovación tecnológica aporta valor cuando se integra con ventilación,
mantenimiento de sistemas de refrigeración, alarmas y planes de aislamiento de fugas.
Para SO, la revisión de Stauffer y Tat proporciona una actualización sobre mecanismos
y efectos tóxicos, mientras que el metaanálisis de Zhou y colaboradores aporta
evidencia epidemiológica ambiental sobre desenlaces respiratorios (28,29). La
diferencia entre exposición ambiental y ocupacional impide trasladar directamente los
riesgos por unidad de concentración, pero la coincidencia en el aparato respiratorio
fortalece la plausibilidad de daño y la necesidad de vigilancia en operaciones de
combustión o procesos que liberen compuestos de azufre. El principio preventivo debe
ser reducir exposición, no buscar una concentración que se interprete como ausencia
absoluta de riesgo.
La evidencia sobre NO sigue una lógica similar. Kasdagli y colaboradores actualizaron
la revisión y metaanálisis que sustentó las guías de calidad del aire y observaron
asociaciones con múltiples desenlaces de mortalidad, incluida enfermedad respiratoria,
en exposiciones de largo plazo (30). Las concentraciones ambientales son diferentes de
las ocupacionales y los desenlaces provienen de cohortes poblacionales, por lo que no
corresponde convertir esos resultados en límites laborales; sin embargo, permiten
562
contextualizar que la exposición inhalatoria sostenida a NO tiene relevancia biológica y
que los sistemas de extracción en combustión y soldadura deben tratarse como controles
esenciales.
La comparación de límites NIOSH y OSHA evidencia un punto metodológico de
importancia: TWA, STEL y ceiling responden a preguntas diferentes. Un TWA estima
exposición promedio durante un periodo, un STEL protege frente a exposiciones breves
y un ceiling pretende impedir que la concentración supere un valor. Si el higienista
selecciona un tiempo de muestreo incompatible con la base temporal del criterio, el
resultado puede parecer aceptable mientras oculta un pico peligroso. La evaluación debe
comenzar, por tanto, por la pregunta de exposición que se intenta responder y después
seleccionar instrumento, duración, ubicación y frecuencia de muestreo (4,8-17).
Los resultados sobre métodos analíticos muestran que la existencia de varios
procedimientos por sustancia no elimina la necesidad de competencia técnica. El
NMAM subraya la importancia de seleccionar el mejor método disponible para cada
situación, considerando desempeño y protocolo de muestreo (17). En la práctica, la
precisión analítica pierde valor si la muestra se toma lejos de la zona respiratoria cuando
se necesita exposición personal, si se omite una tarea de alta emisión o si el detector no
se calibra. La calidad del dato depende de todo el proceso de medición, no únicamente
del equipo o del laboratorio.
La evolución de sensores puede reducir algunas de esas limitaciones. Baharfar y
colaboradores describen nanosensores orientados a seguridad minera, donde
portabilidad y respuesta rápida pueden favorecer alertas en ambientes dinámicos (31).
Yaqoob y Younis destacan el potencial del aprendizaje automático para mejorar
selectividad y procesamiento de señales, mientras que Gardner y colaboradores revisan
sensores térmicos micromecanizados con ventajas de estabilidad y consumo (32,33).
563
Estas tecnologías abren posibilidades para vigilancia distribuida, pero la transición hacia
uso ocupacional exige validación frente a interferentes, condiciones de humedad,
temperatura, envejecimiento y requerimientos de mantenimiento.
Las plataformas microfluídicas revisadas por Yeganegi y colaboradores y los diseños
semiconductores analizados por Humayun y colaboradores muestran una tendencia
hacia miniaturización, mayor sensibilidad y aplicaciones en punto de uso (34,35). Zong
y colaboradores amplían esa tendencia al integrar sensores, comunicación inalámbrica,
inteligencia artificial y sistemas de alerta en tiempo real (36). Desde la higiene
industrial, el avance más relevante no es únicamente detectar concentraciones más
bajas, sino disponer de información fiable en el momento y lugar donde se toman
decisiones, con capacidad para registrar tendencias y activar controles antes de que la
exposición alcance niveles críticos.
Sin embargo, una red de sensores no sustituye la jerarquía de controles. Detectar una
fuga con mayor rapidez reduce el tiempo de respuesta, pero no elimina la fuente; por
ello, la prioridad continúa siendo evitar el uso del agente cuando sea posible, sustituirlo
por alternativas menos peligrosas y diseñar sistemas cerrados o ventilados. El monitoreo
funciona como verificación y alarma, mientras que la ingeniería actúa sobre la
generación o dispersión. Esta distinción es importante para evitar que la disponibilidad
de tecnologías sofisticadas produzca una falsa sensación de control cuando persisten
procesos abiertos o mantenimiento deficiente (5,6,31-36).
La jerarquía también redistribuye la responsabilidad preventiva. Cuando la seguridad
depende exclusivamente de que cada trabajador recuerde colocarse un respirador,
reconocer un olor o abandonar a tiempo un área, el sistema conserva una elevada
dependencia de factores humanos. La eliminación, sustitución y los controles de
ingeniería reducen esa dependencia porque modifican el peligro o la exposición antes
564
del contacto. Los controles administrativos siguen siendo necesarios para organizar
permisos, mantenimiento, capacitación e inspecciones, pero su eficacia aumenta cuando
respaldan un proceso técnicamente controlado en lugar de compensar deficiencias de
diseño (5,6).
La protección respiratoria conserva un papel indispensable en tareas con riesgo residual,
mantenimiento, emergencias e ingreso a atmósferas peligrosas. OSHA establece que la
selección debe basarse en el peligro respiratorio y que, cuando la concentración es
desconocida, la atmósfera debe considerarse IDLH, exigiendo equipos apropiados de
presión positiva (15). Esta condición resulta especialmente crítica para CO, HS, cloro,
amoníaco, SO y NO porque los valores IDLH son específicos y algunos gases pueden
acumularse con rapidez. La disponibilidad de un respirador de cartucho no equivale, por
tanto, a capacidad de ingreso seguro ante cualquier fuga.
Los espacios confinados concentran varias de las debilidades del enfoque basado solo
en EPP. La posibilidad de deficiencia de oxígeno, estratificación, liberación continua,
inflamabilidad y dificultad de rescate exige evaluación atmosférica previa, ventilación,
aislamiento, permiso, comunicación y vigilancia externa (16). El documento base
señalaba que uno de los errores más graves consiste en entrar a rescatar sin evaluar la
atmósfera, generando víctimas múltiples; la evidencia normativa respalda esta
preocupación y justifica que el rescate se planifique antes del ingreso, con personal,
equipos y comunicaciones disponibles.
La vigilancia médica debe interpretarse como mecanismo de detección temprana y
seguimiento, no como permiso para mantener una exposición mal controlada. Las
alteraciones funcionales pueden señalar fallas preventivas, pero esperar a que aparezcan
síntomas contradice el principio de anticipación. Los hallazgos de secuelas por CO y
HS muestran la necesidad de documentar eventos agudos, mientras que la literatura
565
sobre irritantes respalda atención a función respiratoria y síntomas persistentes. La
selección de pruebas debe ajustarse al agente y al riesgo, evitando programas rutinarios
que acumulen exámenes sin conexión con datos ambientales o tareas reales (18-30).
La integración de registros ambientales y de salud genera una oportunidad para
prevención basada en datos. Si una alarma se repite durante una operación concreta, el
patrón puede orientar una modificación de ventilación o mantenimiento; si aumentan
síntomas respiratorios en un área, puede revisarse el mapa de exposición y la estrategia
de muestreo. De forma semejante, incidentes y cuasi accidentes aportan información
sobre barreras fallidas antes de que exista daño grave. ISO 45001 enfatiza seguimiento,
evaluación del desempeño e investigación de incidentes, lo que permite incorporar la
higiene industrial dentro de ciclos de mejora y no como campañas de medición aisladas
(7).
La capacitación mantiene un valor decisivo porque los trabajadores conocen variaciones
operativas que no siempre aparecen en procedimientos formales. Una formación
efectiva debe explicar qué gas puede generarse, qué significa una alarma, cuáles son los
síntomas iniciales, qué incompatibilidades existen, qué equipo corresponde y qué
acciones están prohibidas durante una emergencia. La participación de quienes ejecutan
la tarea puede identificar puntos de fuga, operaciones no rutinarias y prácticas
informales que un análisis documental no detecta. Este conocimiento debe incorporarse
a la selección de controles sin transferir al trabajador la responsabilidad exclusiva por el
riesgo (4-7).
La situación de actividades mineras resulta especialmente pertinente para el contexto
ecuatoriano, no porque los seis gases tengan la misma presencia en todas las minas, sino
porque la combinación de espacios subterráneos, equipos de combustión, voladuras,
ventilación, mantenimiento y sustancias químicas crea escenarios cambiantes. El
566
informe de la OIT de 2024 confirma que las exposiciones químicas en minería
continúan siendo un problema global y que trabajadores de países de ingresos bajos y
medios pueden presentar mayor vulnerabilidad (3). La aplicación local requiere
caracterizar cada operación y no extrapolar automáticamente perfiles de otras industrias.
Una fortaleza del análisis radica en haber relacionado datos oficiales de límites, IDLH,
métodos y órganos diana con evidencia clínica reciente y con principios de control. Esta
triangulación permite evitar dos extremos: una revisión exclusivamente médica que
describa síntomas sin explicar cómo prevenir la exposición, y una revisión
exclusivamente normativa que enumere límites sin considerar la gravedad de las
complicaciones. La síntesis muestra que el desarrollo de la higiene industrial adquiere
sentido cuando la medición se utiliza para orientar decisiones sobre el proceso y
proteger la salud, no cuando se limita a producir números para un informe.
La principal limitación deriva del carácter narrativo e integrativo de la revisión. No se
realizó una búsqueda sistemática con conteo exhaustivo de registros ni evaluación
formal de riesgo de sesgo para cada estudio, por lo que no se puede estimar prevalencia
global, incidencia ocupacional ni efecto combinado. Además, parte de la evidencia
reciente sobre SO y NO procede de exposición ambiental, útil para contextualizar
mecanismos y desenlaces pero no directamente equivalente a concentraciones laborales.
Estas restricciones se manejaron evitando metaanálisis artificiales y utilizando los datos
oficiales de NIOSH y OSHA únicamente para comparaciones descriptivas.
Otra limitación se relaciona con las diferencias regulatorias entre países. Los valores
NIOSH y OSHA se utilizaron porque se encuentran bien documentados y permiten una
comparación reproducible entre agentes, pero no sustituyen los límites legales o
recomendaciones aplicables en Ecuador u otras jurisdicciones. La práctica profesional
debe identificar el marco normativo vigente, así como valores técnicos adicionales
567
cuando corresponda. La contribución del artículo consiste en mostrar una metodología
de integración entre límite, medición, daño y control que puede adaptarse a diferentes
sistemas regulatorios sin modificar los principios preventivos fundamentales.
La heterogeneidad clínica también exige prudencia. Una concentración ambiental no
predice de forma determinista la severidad individual, porque influyen duración, carga
física, ventilación pulmonar, comorbilidades, uso de protección, coexposiciones y
tiempo hasta el rescate. Por ello, los valores límite no deben interpretarse como una
frontera biológica exacta ni los IDLH como niveles a los que pueda trabajarse
rutinariamente. La evaluación de riesgo debe integrar incertidumbre y utilizar márgenes
preventivos, especialmente ante trabajadores susceptibles, procesos variables o
escenarios donde una falla pueda tener consecuencias catastróficas.
Las futuras investigaciones deberían fortalecer datos ocupacionales específicos sobre
exposición real, secuelas a largo plazo, desempeño de sensores en campo y efectividad
de controles de ingeniería bajo condiciones industriales. Resulta particularmente útil
desarrollar estudios longitudinales que conecten mediciones personales con indicadores
de salud y registros de tareas, así como validaciones independientes de sensores
inteligentes frente a métodos de referencia. En contextos latinoamericanos, la
disponibilidad de evidencia propia permitiría evaluar diferencias de proceso, clima,
organización del trabajo y capacidad de respuesta, reduciendo la dependencia de
extrapolaciones desde países con sistemas productivos y regulatorios distintos.
La innovación en detección también plantea una futura línea de gestión: integrar
alarmas personales y estacionarias con mantenimiento predictivo, ventilación
automatizada y registros centralizados, manteniendo mecanismos de verificación que
eviten depender de algoritmos opacos. Un sistema inteligente debería informar
concentración, tendencia, estado de calibración y contexto de la tarea, y permitir que la
568
alerta desencadene acciones previamente definidas. La tecnología aporta mayor valor
cuando se integra en un sistema de decisión transparente que conserva redundancias y
capacidad humana de intervención ante fallas de sensores, comunicaciones o energía
(31-36).
En síntesis, la discusión muestra una convergencia entre la evidencia clínica reciente y
la lógica preventiva consolidada: los gases analizados pueden producir daño grave y, en
algunos casos, secuelas persistentes, mientras que los mecanismos más sólidos de
prevención actúan antes del contacto. La higiene industrial moderna necesita combinar
conocimiento del agente, evaluación cuantitativa, controles en la fuente, monitoreo
continuo cuando el riesgo lo justifica, programas de protección respiratoria, vigilancia
de salud y preparación para emergencias. El énfasis técnico debe permanecer en reducir
la probabilidad y magnitud de exposición, no en normalizar la presencia del
contaminante mediante dependencia permanente del EPP.
569
Conclusiones
El análisis permitió establecer que las complicaciones asociadas a CO, HS, Cl, NH,
SO y NO representan un problema prioritario para la higiene industrial por su
capacidad de producir daño respiratorio, neurológico, cardiovascular, ocular y
sistémico, con perfiles de toxicidad y valores de emergencia diferentes. Esta
heterogeneidad confirma que la prevención debe partir de la identificación precisa del
agente, el proceso y las condiciones de exposición, sin depender de la percepción
sensorial como mecanismo de alerta.
Los resultados mostraron que los valores IDLH y los límites de exposición empleados
por NIOSH y OSHA responden a bases temporales distintas, entre ellas TWA, STEL y
ceiling, por lo que la evaluación higiénica debe seleccionar el método de medición
según el tipo de exposición que se pretende caracterizar. El monitoreo personal, las
mediciones de área, la lectura directa y el muestreo de corta duración resultan
complementarios, especialmente en procesos variables donde una concentración
promedio puede ocultar picos peligrosos.
La jerarquía de controles constituye la estrategia preventiva central, con prioridad para
eliminación y sustitución, seguida por encapsulamiento, aislamiento, sistemas cerrados,
ventilación localizada, automatización, sensores y alarmas. Los controles
administrativos y la capacitación deben respaldar procesos técnicamente controlados,
mientras que el equipo de protección personal permanece como última barrera. La
vigilancia de la salud complementa la evaluación ambiental y debe ajustarse al perfil
toxicológico y a los eventos documentados de exposición, sin sustituir el control del
contaminante en la fuente.
Los espacios confinados requieren medidas reforzadas por la posible coexistencia de
gases tóxicos, deficiencia de oxígeno y atmósferas inflamables, de modo que la
570
evaluación atmosférica previa, el monitoreo durante la tarea, la ventilación, el
aislamiento de fuentes, la comunicación, la vigilancia externa y la planificación del
rescate resultan indispensables. La tecnología de detección puede mejorar la respuesta
mediante sensores personales, equipos multigás y redes de alarma, pero su eficacia
depende de calibración, selectividad, mantenimiento y compatibilidad con métodos de
referencia, por lo que no reemplaza los controles de ingeniería.
El aporte principal radica en integrar complicaciones clínicas, criterios de exposición,
métodos de medición y jerarquía de controles dentro de una misma perspectiva técnica
de salud y seguridad ocupacional. El desarrollo de la higiene industrial frente a gases
tóxicos debe orientarse hacia una prevención basada en riesgo, datos y control en la
fuente, articulando monitoreo ambiental, vigilancia de la salud, mantenimiento,
investigación de incidentes y participación de los trabajadores. Las futuras
investigaciones deberán ampliar la evidencia ocupacional longitudinal y validar
tecnologías de monitoreo en condiciones reales, especialmente en contextos
latinoamericanos, manteniendo la anticipación, el reconocimiento, la evaluación y el
control como un ciclo continuo de mejora preventiva.
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