Complicaciones graves en cirugía neurológica de alta complejidad en pacientes
pediátricos: revisión sistemática conforme a PRISMA 2020.
Serious complications in high-complexity neurological surgery in pediatric patients: a
systematic review according to PRISMA 2020.
Complicações graves em cirurgia neurológica de alta complexidade em pacientes
pediátricos: revisão sistemática conforme PRISMA 2020.
Leonela Estefany Peña Choez
Universidad de Guayaquil
Ecuador
leonelapena42@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-4296-7732
Steveen Eduardo Carpio Candelario
Universidad Casa Grande
Ecuador
steveen.carpio@casagrande.edu.ec
https://orcid.org0009-0007-4036-3331
Forma de citación en APA, séptima edición.
Peña, L., y Carpio, S. (2026). Complicaciones graves en cirugía neurológica de alta complejidad en
pacientes pediátricos: revisión sistemática conforme a PRISMA 2020. Revista Ibero Research, 1(7),
339 - 377.
Fecha
de
presentación:
20/08/2026
Fecha
de
aceptación:
03/09/2026
Fecha
de
publicación:
04/09/2026
339
Resumen
La cirugía neurológica pediátrica de alta complejidad exige controlar riesgos derivados
de la inmadurez fisiológica, la localización anatómica y la naturaleza del procedimiento.
El objetivo fue analizar sistemáticamente las complicaciones graves perioperatorias y
posoperatorias, sus factores asociados y las estrategias preventivas en pacientes menores
de 18 años. Se desarrolló una revisión sistemática con síntesis cualitativa conforme a
PRISMA 2020, utilizando el documento base y una actualización bibliográfica
verificable en literatura biomédica indexada hasta 2026, sin combinar estadísticamente
resultados heterogéneos. La evidencia mostró perfiles diferenciados: 3,5 % de
complicaciones intraoperatorias en una serie de 1.807 procedimientos, 9,8 % de eventos
en craneosinostosis, 8,39 % de déficit neurológico persistente tras cirugía tumoral en
una cohorte y reducción del riesgo de infección con derivaciones impregnadas con
antibióticos. La edad temprana, la cirugía prolongada, la pérdida sanguínea, la
localización infratentorial, la manipulación vascular, las comorbilidades y la posición
quirúrgica modificaron el riesgo. Se concluyó que la seguridad depende de prevención
multimodal, neuroanestesia especializada, estandarización de resultados y vigilancia
posoperatoria intensiva.
Palabras clave: seguridad perioperatoria; neuroanestesia; eventos adversos; cuidados
intensivos; morbilidad quirúrgica.
340
Abstract
High-complexity pediatric neurological surgery requires control of risks arising from
physiological immaturity, anatomical location, and procedure characteristics. The
objective was to systematically analyze severe perioperative and postoperative
complications, associated factors, and preventive strategies in patients younger than 18
years. A systematic review with qualitative synthesis was conducted according to
PRISMA 2020, using the base document and a verifiable update of indexed biomedical
literature through 2026, without statistically pooling heterogeneous outcomes. The
evidence showed distinct risk profiles: 3.5% intraoperative complications in a series of
1,807 procedures, 9.8% adverse events in craniosynostosis, 8.39% persistent
neurological deficit after tumor surgery in one cohort, and reduced infection risk with
antibiotic-impregnated shunts. Young age, prolonged surgery, blood loss, infratentorial
location, vascular manipulation, comorbidities, and surgical position modified risk.
Safety therefore depends on multimodal prevention, specialized neuroanesthesia,
standardized outcome reporting, and intensive postoperative surveillance.
Keywords: perioperative safety; neuroanesthesia; adverse events; intensive care;
surgical morbidity.
341
Resumo
A cirurgia neurológica pediátrica de alta complexidade exige controle de riscos
decorrentes da imaturidade fisiológica, da localização anatômica e das características do
procedimento. O objetivo foi analisar sistematicamente as complicações graves
perioperatórias e pós-operatórias, seus fatores associados e as estratégias preventivas em
pacientes menores de 18 anos. Foi realizada revisão sistemática com síntese qualitativa
conforme PRISMA 2020, utilizando o documento-base e atualização bibliográfica
verificável da literatura biomédica indexada até 2026, sem combinar estatisticamente
resultados heterogêneos. A evidência mostrou perfis distintos: 3,5% de complicações
intraoperatórias em 1.807 procedimentos, 9,8% de eventos em craniossinostose, 8,39%
de déficit neurológico persistente após cirurgia tumoral em uma coorte e menor risco de
infecção com derivações impregnadas com antibióticos. Idade precoce, cirurgia
prolongada, perda sanguínea, localização infratentorial, manipulação vascular,
comorbidades e posição cirúrgica modificaram o risco. Concluiu-se que a segurança
depende de prevenção multimodal, neuroanestesia especializada, padronização dos
desfechos e vigilância pós-operatória intensiva.
Palavras-chave: segurança perioperatória; neuroanestesia; eventos adversos; terapia
intensiva; morbidade cirúrgica.
342
Introducción
La neurocirugía pediátrica de alta complejidad reúne procedimientos en los que una
alteración perioperatoria puede traducirse en secuelas neurológicas, dependencia
funcional o mortalidad por la proximidad de estructuras elocuentes y la menor reserva
fisiológica infantil. La seguridad del paciente exige prevención y respuesta organizada
al daño evitable, mientras que las diferencias pediátricas en volemia, autorregulación,
metabolismo y respuesta a hipotensión e hipoxemia impiden extrapolar de forma directa
la experiencia adulta (1).
La variabilidad en la definición de complicación también condiciona la comparación
entre centros. El consenso del Canadian Pediatric Neurosurgery Study Group propuso
criterios específicos para mejorar el registro de morbilidad, reintervención y secuelas
(2). En 1.807 procedimientos se documentaron 3,5 % de complicaciones
intraoperatorias y mortalidad de 0,17 %; bases multicéntricas y cohortes prospectivas
posteriores ampliaron la medición hacia readmisión y revisión, con 9,2 % de eventos
quirúrgicos en 1.008 pacientes, mientras ClassIntra relacionó mayor gravedad
intraoperatoria con peor recuperación (3-6).
La neuroanestesia modifica el riesgo, especialmente en procedimientos prolongados y
de fosa posterior, donde posición, retorno venoso, ventilación y estabilidad
hemodinámica requieren control continuo; se han descrito complicaciones tanto en
posición sentada como park-bench (7). La craneosinostosis muestra un perfil
hemorrágico particular: una revisión de 33 manuscritos estimó 9,8 % de eventos, 7,2 %
tras cirugía endoscópica y 13,5 % después de reconstrucción abierta, con transfusión
por pérdida sanguínea en 35,7 % (8).
La neuro-oncología concentra déficit neurológico, alteraciones del líquido
cefalorraquídeo, infección y reintervención. En 477 procedimientos se observó
343
mortalidad a 30 días de 1,26 % y déficit persistente de 8,39 %; una cohorte nacional
informó 34,2 % de morbilidad significativa, mientras revisiones de indicadores
señalaron falta de uniformidad y una cohorte prospectiva registró eventos significativos
en 27,4 % de 285 procedimientos. Estos hallazgos muestran que la mortalidad aislada
no representa toda la carga posoperatoria (9-12).
En tumores de fosa posterior, el síndrome de mutismo cerebeloso posoperatorio puede
dejar secuelas que superan la recuperación del habla. Un metaanálisis de 2.276
pacientes relacionó el síndrome con invasión del cuarto ventrículo, tronco cerebral,
pedúnculo cerebeloso superior, meduloblastoma e incisión del vermis; una revisión de
2026 confirmó factores anatómicos y tumorales semejantes, y otra síntesis mostró
alteraciones prolongadas de velocidad de procesamiento, función psicomotora y
funciones ejecutivas (13-15).
La cirugía de epilepsia farmacorresistente exige balancear control de crisis y riesgo
neurológico. Las revisiones muestran heterogeneidad marcada en la medición de calidad
de vida, cognición, conducta y complicaciones (16,17). En espasmos epilépticos la
libertad de crisis fue cercana a 68,8 %, mientras una síntesis de cirugía realizada antes
de los seis meses informó 65,6 % de libertad de crisis y 27,7 % de complicaciones; los
abordajes tempranos pueden ser favorables cuando la selección se realiza en centros
especializados (18-20).
La hidrocefalia agrega riesgos por infección, obstrucción y dependencia del dispositivo.
Las infecciones de shunt se estiman aproximadamente entre 5 % y 15 %, y los catéteres
impregnados con antibióticos reducen el riesgo frente a sistemas convencionales en
metaanálisis; la menor edad y ciertas comorbilidades incrementan la vulnerabilidad
(21-24). La comparación entre ventriculostomía endoscópica y derivación
344
ventriculoperitoneal muestra perfiles diferentes, y una cohorte de Lima identificó la
infección como principal causa de fallo durante el primer año (25,26).
Las infecciones del sitio quirúrgico fuera de los shunts también producen morbilidad
importante. En 9.296 procedimientos se registró una frecuencia de 2,7 %, con mayor
carga de sepsis, readmisión y reintervención en infecciones profundas, y el análisis de
factores asociados respaldó el ajuste por complejidad para comparar instituciones
(27,28). La anemia posoperatoria completa este perfil de vulnerabilidad, porque la
pérdida sanguínea y la transfusión tienen repercusión proporcionalmente mayor en
niños con menor volumen circulante (29).
La prevención requiere integrar comunicación, verificación del procedimiento,
disponibilidad de hemoderivados, anticipación de vía aérea difícil, profilaxis
antimicrobiana y planes de rescate. La lista de seguridad quirúrgica de la Organización
Mundial de la Salud proporciona un marco adaptable a neurocirugía pediátrica, al que
deben añadirse neuroanestesia especializada, monitorización fisiológica y
neurofisiológica cuando corresponda, conservación sanguínea y vigilancia
posoperatoria intensiva (30).
El problema de investigación no se limita a enumerar complicaciones, sino a determinar
cómo se distribuyen entre procedimientos con mecanismos de riesgo diferentes y qué
factores modificables pueden reducir su impacto. El objetivo general fue analizar
sistemáticamente la evidencia sobre complicaciones graves asociadas con cirugía
neurológica de alta complejidad en pacientes pediátricos, identificando eventos
intraoperatorios y posoperatorios, factores de riesgo, diferencias por procedimiento,
estrategias preventivas y repercusión sobre morbilidad, mortalidad y recuperación
neurológica.
345
Metodología
Se desarrolló una revisión sistemática con síntesis predominantemente cualitativa y
orientación a seguridad quirúrgica pediátrica. La organización del reporte siguió los
principios de PRISMA 2020, que establece criterios para transparentar la pregunta, las
fuentes de información, la selección, la extracción, la evaluación crítica y la síntesis de
la evidencia, sin asumir que el cumplimiento del reporte sustituye la valoración
metodológica de cada estudio (31,32).
La pregunta se estructuró mediante una estrategia PICO adaptada a estudios de
seguridad. La población correspondió a pacientes menores de 18 años sometidos a
neurocirugía, la intervención o exposición incluyó procedimientos neuroquirúrgicos de
alta complejidad, la comparación comprendió técnicas, posiciones, estrategias
perioperatorias o grupos de riesgo cuando estaban disponibles, y los desenlaces
abarcaron complicaciones intraoperatorias y posoperatorias graves, hemorragia,
infección, déficit neurológico, crisis convulsivas, eventos anestésicos, reintervención y
mortalidad.
El documento de investigación proporcionado se utilizó como base principal para
conservar el tema, la pregunta, los objetivos, las categorías clínicas, las cifras
previamente seleccionadas y el enfoque PRISMA. La actualización bibliográfica se
extendió hasta septiembre de 2026 y priorizó PubMed/MEDLINE, registros de PubMed
Central, páginas oficiales de revistas científicas y documentos de la Organización
Mundial de la Salud, con verificación cruzada de DOI, año, volumen, páginas y datos
cuantitativos cuando se encontraban disponibles.
La estrategia conceptual combinó términos libres y vocabulario biomédico relacionado
con pediatric neurosurgery, neurosurgical complications, postoperative complications,
intraoperative adverse events, pediatric brain tumor, posterior fossa, craniosynostosis,
346
hydrocephalus, shunt infection, epilepsy surgery, hemorrhage, blood transfusion,
neurological deficit, cerebellar mutism, anesthesia complications, morbidity y mortality.
Se emplearon operadores AND y OR para vincular población, procedimiento y
desenlaces, y se realizaron búsquedas dirigidas adicionales para estrategias preventivas
y resultados específicos.
Se priorizaron publicaciones en inglés o español con población pediátrica o análisis
separable de menores de 18 años, estudios observacionales, cohortes prospectivas o
retrospectivas, estudios multicéntricos, revisiones sistemáticas, metaanálisis y
documentos normativos pertinentes. Se incluyeron trabajos que aportaran información
verificable sobre incidencia, frecuencia, gravedad, factores de riesgo, intervenciones
preventivas o resultados funcionales relacionados directamente con procedimientos
neuroquirúrgicos pediátricos de alta complejidad.
Se excluyeron estudios exclusivamente adultos, publicaciones sin resultados
relacionados con complicaciones, documentos sin información metodológica suficiente,
reportes aislados sin aporte relevante a la síntesis, estudios animales y materiales no
científicos. Cuando varias publicaciones abordaban la misma pregunta, se priorizaron
las revisiones sistemáticas recientes y las cohortes de mayor tamaño, sin eliminar
estudios previos cuando aportaban definiciones consensuadas, bases nacionales o cifras
fundamentales para contextualizar la evolución del conocimiento.
La selección bibliográfica se efectuó por pertinencia temática, relación directa con los
objetivos y capacidad de aportar datos reproducibles. Para disminuir el riesgo de
incorporar referencias inexactas, cada fuente utilizada en la versión final se contrastó
mediante registro bibliográfico disponible, identificador DOI o ficha de PubMed cuando
correspondía. No se incorporaron autores, tamaños muestrales, porcentajes, intervalos
347
de confianza ni efectos estadísticos que no estuvieran respaldados por el documento
base o por una publicación verificable.
La extracción de información consideró autor y año, diseño, país o contexto, número de
pacientes o procedimientos, diagnóstico principal, tipo de cirugía, duración o posición
cuando estaban reportadas, complicaciones intraoperatorias, complicaciones
posoperatorias, hemorragia, transfusión, infección, déficit neurológico, crisis, eventos
respiratorios y cardiovasculares, reintervención, mortalidad, seguimiento, factores de
riesgo y estrategias de prevención. Se conservaron las unidades y medidas de efecto
originales de las publicaciones.
La valoración metodológica fue cualitativa y consideró diseño prospectivo o
retrospectivo, tamaño muestral, procedencia unicéntrica o multicéntrica, claridad de las
definiciones, duración del seguimiento, ajuste estadístico y consistencia de los
desenlaces. Los metaanálisis se utilizaron cuando ofrecían estimaciones publicadas con
intervalos de confianza, pero no se realizó un nuevo metaanálisis porque la combinación
de tumores, craneosinostosis, hidrocefalia, epilepsia, cirugía vascular y anestesia
generaba heterogeneidad clínica y metodológica incompatible con una medida global
única.
Los resultados se organizaron por perfiles de riesgo y no por una jerarquía artificial de
procedimientos. Se construyeron cuatro tablas con síntesis de estudios, evidencia
hemorrágica, resultados neuro-oncológicos y evidencia sobre hidrocefalia e infección,
acompañadas por cuatro gráficos derivados únicamente de datos publicados. Los
gráficos descriptivos no se interpretaron como estimaciones combinadas y las
diferencias entre estudios se mantuvieron explícitas para evitar comparaciones causales
inadecuadas.
348
El primer gráfico resumió frecuencias publicadas de eventos adversos seleccionados con
denominadores y definiciones diferentes, por lo que su finalidad fue mostrar la amplitud
de la morbilidad informada y no establecer superioridad entre procedimientos. El
segundo representó magnitudes de reducción de pérdida sanguínea o transfusión con
ácido tranexámico comunicadas por metaanálisis independientes, mientras que el
tercero reprodujo odds ratios publicados para factores de mutismo cerebeloso y el
cuarto comparó complicaciones entre ventriculostomía endoscópica y derivación
ventriculoperitoneal dentro de una misma síntesis.
No se calcularon incidencias globales propias ni efectos combinados adicionales, debido
a que los desenlaces no compartían definiciones, ventanas de seguimiento ni
poblaciones equivalentes. Cuando una fuente informaba más de un resultado, se
seleccionó el indicador que respondía mejor al objetivo de seguridad quirúrgica. Los
valores se expresaron como porcentajes, riesgos relativos, odds ratios, diferencias
medias o intervalos de confianza según la medida original, sin transformar resultados
para aumentar artificialmente su comparabilidad.
La revisión utilizó exclusivamente información publicada y datos agregados, sin
intervención sobre pacientes ni acceso a historias clínicas identificables. La dimensión
ética se centró en fidelidad de la extracción, trazabilidad de las fuentes, ausencia de
fabricación de datos y respeto de la autoría científica. La interpretación se mantuvo
dentro del alcance de la evidencia disponible, especialmente cuando los estudios eran
retrospectivos, unicéntricos o presentaban desenlaces definidos de forma heterogénea.
349
Resultados
La síntesis confirmó que la expresión 'complicación grave' abarca eventos con
mecanismos y consecuencias diferentes, desde una lesión vascular intraoperatoria hasta
infección, hidrocefalia, deterioro neurológico persistente o reintervención. La frecuencia
publicada cambia de acuerdo con la definición utilizada, el procedimiento, la edad, el
seguimiento y la complejidad institucional, por lo que los porcentajes deben
interpretarse dentro de cada estudio y no como una tasa única aplicable a toda
neurocirugía pediátrica.
La Tabla 1 reúne estudios representativos que permiten observar la amplitud de los
desenlaces. Las cohortes generales aportan una visión transversal de seguridad, mientras
que los estudios de neuro-oncología, craneosinostosis, epilepsia y prevención de
infección muestran perfiles específicos. La combinación de fuentes prospectivas,
retrospectivas y metaanalíticas fue útil para reconocer patrones sin confundir diferencias
de diseño con diferencias verdaderas de riesgo.
Tabla 1. Estudios representativos y magnitud de complicaciones en neurocirugía
pediátrica de alta complejidad
Estudio
Diseño / población
Procedimiento
Resultado principal
van Lindert et al. (2016) (3)
Serie, 1.807 procedimientos
Neurocirugía pediátrica
diversa
3,5 % complicaciones
intraoperatorias; mortalidad
0,17 %
Lenga et al. (2025) (5)
Prospectivo, 1.008 pacientes
Neurocirugía pediátrica
diversa
9,2 % eventos quirúrgicos;
5,2 % revisión; mortalidad
0,4 %
Radu et al. (2024) (7)
Retrospectivo, 41 pacientes
Fosa posterior
Complicaciones anestésicas
71,78 % sentada y 88,89 %
park-bench
Bashiryan et al. (2025) (8)
RS/metaanálisis, 33
manuscritos
Craneosinostosis
9,8 % eventos; 7,2 %
endoscópica; 13,5 % abierta
Foster et al. (2021) (9)
477 procedimientos / 335
pacientes
Tumor cerebral
Mortalidad 30 d 1,26 %;
déficit persistente 8,39 %
Henriksen et al. (2024) (10)
473 procedimientos / 349
niños
Tumor SNC
Morbilidad significativa 34,2
%; déficit 41,4 %
Campbell et al. (2025) (12)
Prospectivo, 285
procedimientos
Tumor cerebral
27,4 % con ≥1 evento
significativo;
reoperacn 11,6 %
350
Makridis et al. (2022) (19)
RS/metaanálisis, 158
lactantes
Cirua de epilepsia
≤6 meses
27,7 % complicaciones;
hidrocefalia 14,71 %
Sherrod y Rocque (2017)
(27)
Base nacional, 9.296
procedimientos
Neurocirugía sin shunt
2,7 % infección del sitio
quirúrgico
Fuente: elaboración a partir de los estudios citados (3,5,7-10,12,19,27). RS: revisión sistemática; SNC:
sistema nervioso central; d: días.
La tabla evidencia que la magnitud del evento cambia sustancialmente según lo que se
mida. La tasa de 3,5 % de complicaciones intraoperatorias de van Lindert et al.
corresponde a eventos ocurridos durante la intervención, mientras que la morbilidad
significativa de 34,2 % de Henriksen et al. incluye complicaciones que requirieron
anestesia general, ingreso a cuidados intensivos, déficit persistente o muerte. Esta
diferencia metodológica impide ordenar los estudios como si describieran un mismo
desenlace.
Las cohortes prospectivas recientes muestran que la vigilancia sistemática modifica la
capacidad para capturar eventos. Lenga et al. registraron 9,2 % de eventos relacionados
con cirugía y 5,2 % de revisiones en una población amplia, mientras que Campbell et al.
documentaron eventos significativos en más de una cuarta parte de procedimientos
tumorales. En ambos casos, la utilidad principal radica en describir el recorrido
perioperatorio completo y no solamente la mortalidad.
Para visualizar la variación de frecuencias publicadas, el Gráfico 1 presenta indicadores
seleccionados sin combinar sus denominadores. Se mantuvo en cada barra el desenlace
originalmente informado, lo que permite apreciar que la frecuencia aumenta cuando la
definición incluye morbilidad posoperatoria amplia, mientras que es menor cuando el
indicador se restringe a un evento específico, como infección del sitio quirúrgico.
351
Gráfico 1. Frecuencias de eventos adversos reportadas en estudios seleccionados
Fuente: elaboración a partir de datos publicados en van Lindert et al. (3), Lenga et al. (5), Bashiryan et al. (8),
Foster et al. (9), Henriksen et al. (10), Makridis et al. (19) y Sherrod y Rocque (27). Los desenlaces no son
homogéneos y no representan un metaanálisis.
El Gráfico 1 muestra un rango aproximado entre 2,7 % y 34,2 % en los indicadores
seleccionados, pero esa amplitud no representa una distribución epidemiológica común.
La cifra de 34,2 % corresponde a morbilidad significativa en cirugía tumoral, el 27,7 %
a complicaciones en lactantes sometidos a cirugía de epilepsia, y el 2,7 % a infección de
sitio quirúrgico en procedimientos no relacionados con shunt. La lectura correcta exige
conservar el contexto clínico y la definición de cada estudio.
El componente hemorrágico adquirió especial relevancia en craneosinostosis y cirugía
de bóveda craneal. La revisión de Bashiryan et al. confirmó mayor incidencia global de
eventos en reconstrucción abierta que en cirugía endoscópica, y la transfusión por
pérdida sanguínea fue el evento quirúrgico más frecuente. La evidencia contemporánea
ha evaluado protocolos de manejo sanguíneo y ácido tranexámico como estrategias para
reducir exposición a hemoderivados sin suponer que una intervención aislada elimina
todo el riesgo.
La Tabla 2 resume datos cuantitativos de la revisión de complicaciones y de estudios
centrados en conservación sanguínea. Un protocolo prospectivo de manejo
352
hematológico que integró optimización preoperatoria, antifibrinolíticos y recuperación
intraoperatoria de sangre redujo de forma significativa la pérdida estimada y los
requerimientos transfusionales frente a una cohorte control, con 194 pacientes
evaluados (33).
Tabla 2. Evidencia sobre hemorragia, transfusión y conservación sanguínea en cirugía de
craneosinostosis
Fuente
Población / evidencia
Indicador
Resultado
Bashiryan et al. (2025) (8)
33 manuscritos
Eventos globales
9,8 %; endoscópica 7,2 %;
abierta 13,5 %
Bashiryan et al. (2025) (8)
Síntesis de complicaciones
Transfusión por pérdida
sanguínea
35,7 %
Moore et al. (2025) (33)
194 pacientes; protocolo vs
control
Pérdida y transfusión
Reducción significativa de
EBL y transfusión, p<0,01
Varidel y Marucci (2022)
(34)
7 ensayos; 258 recibieron
TXA
Pérdida sanguínea
Reducción 7,06 mL/kg
(IC95% 5,15-8,97)
Varidel y Marucci (2022)
(34)
Metaanálisis
Transfusión
Reducción 8,47 mL/kg
(IC95% 6,04-10,90)
Zapata-Copete et al. (2022)
(35)
11 estudios; 752 pacientes
Pérdida / transfusión
MD -15,47 / -8,18 mL/kg
Alabdulkarim et al. (2023)
(36)
18 estudios; 1.564
operaciones
Sangrado perioperatorio
WMD -3,97 mL/kg (IC95%
-5,29 a -2,28)
Fuente: elaboración a partir de Bashiryan et al. (8), Moore et al. (33), Varidel y Marucci (34), Zapata-Copete
et al. (35) y Alabdulkarim et al. (36). TXA: ácido tranexámico; EBL: pérdida sanguínea estimada; MD/WMD:
diferencia media/diferencia media ponderada.
Los metaanálisis de ácido tranexámico fueron consistentes en la dirección del efecto,
aunque difirieron en número de estudios, técnicas quirúrgicas, esquemas de dosis y
forma de medir el sangrado. Varidel y Marucci identificaron una reducción media de
pérdida sanguínea de 7,06 mL/kg y de transfusión de 8,47 mL/kg, Zapata-Copete et al.
estimaron reducciones de 15,47 mL/kg y 8,18 mL/kg respectivamente, y Alabdulkarim
et al. comunicaron una diferencia media ponderada de 3,97 mL/kg para sangrado
(34-36).
La consistencia de los resultados apoya la utilidad del ácido tranexámico dentro de
protocolos de conservación sanguínea, pero los intervalos y magnitudes no deben
combinarse de nuevo porque cada metaanálisis utilizó criterios de inclusión y conjuntos
de estudios distintos. El Gráfico 2 conserva las estimaciones originales como
353
reducciones absolutas a favor de la intervención, con una finalidad comparativa
descriptiva.
Gráfico 2. Magnitud de reducción publicada con ácido tranexámico en craneosinostosis
Fuente: elaboración a partir de estimaciones publicadas por Varidel y Marucci (34), Zapata-Copete et al. (35)
y Alabdulkarim et al. (36). Las barras representan metaanálisis independientes y no se combinaron entre sí.
El Gráfico 2 muestra que todas las estimaciones representadas favorecieron al ácido
tranexámico, con reducciones publicadas entre 3,97 y 15,47 mL/kg según el desenlace y
la revisión. La dispersión de magnitudes refleja heterogeneidad entre estudios y no
invalida la dirección consistente del efecto; por el contrario, indica que la eficacia
cuantitativa depende del procedimiento, la técnica anestésica, el protocolo transfusional
y la forma de calcular la pérdida hemática.
En neuro-oncología, el riesgo se concentró en déficit neurológico, alteraciones del
líquido cefalorraquídeo, reintervención, infección y complicaciones específicas de la
fosa posterior. Las cohortes de diferentes países coincidieron en que la localización
anatómica y el objetivo quirúrgico condicionan la morbilidad, aunque las tasas varían
según el sistema de clasificación. La Tabla 3 integra esta evidencia y agrega la
información del síndrome de mutismo cerebeloso como resultado funcional de especial
relevancia pediátrica.
354
Tabla 3. Morbilidad neuro-oncológica y síndrome de mutismo cerebeloso posoperatorio
Estudio
Muestra
Desenlace
Hallazgo
Foster et al. (2021) (9)
477 procedimientos
Mortalidad / déficit 30 d
1,26 % / 8,39 %
Henriksen et al. (2024) (10)
473 procedimientos
Morbilidad global /
significativa
66,0 % / 34,2 %
Sletvold et al. (2023) (11)
82 pacientes + RS
Indicadores 30 d
Reoperación 9,8 %;
readmisión 14,6 %; SSI 3,7
%
Campbell et al. (2025) (12)
285 procedimientos
Eventos significativos
27,4 %; reoperación 11,6 %;
SSI 2,8 %
Pettersson et al. (2022) (13)
28 estudios; 2.276 pacientes
pCMS - factores de riesgo
4.º ventrículo OR 12,84;
tronco OR 4,28; vermis OR
5,44
Salman et al. (2026) (14)
61 estudios; 5.653 pacientes
pCMS - factores
Midline, meduloblastoma,
pedúnculo superior y
variables de resección
Horne et al. (2026) (15)
16 estudios; 252 pCMS vs
590 sin pCMS
Neurocognición
Peor velocidad de
procesamiento, función
psicomotora y ejecutiva
Fuente: elaboración a partir de estudios neuro-oncológicos y revisiones sistemáticas citadas (9-15). pCMS:
síndrome de mutismo cerebeloso posoperatorio; SSI: infección del sitio quirúrgico; OR: odds ratio.
Los datos neuro-oncológicos muestran que la mortalidad a corto plazo puede ser baja al
mismo tiempo que persiste una carga relevante de déficits, reoperaciones y trastornos
del líquido cefalorraquídeo. Foster et al. registraron 1,26 % de mortalidad a 30 días,
pero 8,39 % de déficit persistente; Henriksen et al. informaron 34,2 % de morbilidad
significativa; y Campbell et al. identificaron eventos significativos en 27,4 % de las
operaciones. Esto respalda el uso de indicadores multidimensionales.
El síndrome de mutismo cerebeloso representa un ejemplo de complicación en la que la
magnitud no se describe adecuadamente con mortalidad o estancia hospitalaria. Los
factores anatómicos publicados por Pettersson et al. muestran asociaciones de gran
magnitud para invasión del cuarto ventrículo, pedúnculo cerebeloso superior, tronco
cerebral e incisión del vermis, y la revisión de Salman et al. confirmó que la
localización media y la biología tumoral siguen apareciendo de forma consistente en la
literatura (13,14).
El Gráfico 3 reproduce los odds ratios combinados publicados por Pettersson et al. para
factores seleccionados, conservando los intervalos de confianza originales. No se
355
efectuó un nuevo metaanálisis ni se añadieron pesos, por lo que la figura funciona como
representación visual de una síntesis previamente publicada y permite observar tanto la
dirección del riesgo como la incertidumbre de algunas estimaciones.
Gráfico 3. Factores asociados con síndrome de mutismo cerebeloso posoperatorio
Fuente: elaboración gráfica a partir de odds ratios e IC95% publicados por Pettersson et al. (13): invasión del
cuarto ventrículo 12,84 (4,29-38,44), meduloblastoma >50 mm 8,85 (1,30-60,16), invasión del pedúnculo
cerebeloso superior 6,77 (2,35-19,48), zurdera 6,57 (1,25-34,44), incisión del vermis 5,44 (2,09-14,16),
invasión del tronco 4,28 (2,23-8,23) y meduloblastoma 3,26 (1,93-5,52).
La invasión del cuarto ventrículo presentó la estimación puntual más alta entre los
factores representados, con OR 12,84, seguida por meduloblastoma mayor de 50 mm,
invasión del pedúnculo cerebeloso superior, zurdera, incisión del vermis, invasión del
tronco cerebral y diagnóstico de meduloblastoma. Los intervalos amplios en algunas
variables indican imprecisión y desaconsejan interpretar la magnitud puntual como una
predicción individual determinista.
La evidencia funcional complementa estas asociaciones anatómicas. Una revisión sobre
perfusión cerebral y mutismo cerebeloso posoperatorio describió alteraciones en redes
cerebelo-cerebrales relacionadas con la aparición del síndrome, mientras que revisiones
de lenguaje y neurocognición han mostrado déficits persistentes que abarcan
356
procesamiento, funciones ejecutivas y comunicación, incluso después de la fase de
mutismo evidente (37,38).
En hidrocefalia, las complicaciones se relacionaron principalmente con infección,
obstrucción, fallo del dispositivo, sobredrenaje y necesidad de revisión. Los sistemas
impregnados con antibióticos mostraron reducción de infección en metaanálisis, pero el
beneficio tecnológico no sustituye la técnica estéril, el control de factores de riesgo y el
seguimiento. La Tabla 4 integra resultados sobre infección y comparación de estrategias
de derivación.
Tabla 4. Evidencia sobre infección, fallo de derivación y alternativas en hidrocefalia
pediátrica
Fuente
Diseño / muestra
Resultado
Estimación
Konrad et al. (2023) (21)
Revisión clínica
Infección de shunt
Aproximadamente 5-15 %
Qiu y Wu (2020) (22)
13 estudios; 7.952 pacientes
Shunt impregnado vs
convencional
RR 0,42 (IC95% 0,33-0,53)
Zhou et al. (2021) (23)
19 estudios; 10.105
operaciones
Infección
8,13 % convencional vs 4,09
% impregnado
Wathoni et al. (2025) (24)
Metaanálisis
Factores de infección
Edad temprana y
comorbilidades entre
factores asociados
Minta et al. (2024) (25)
RS/metaanálisis
Complicaciones ETV vs
VPS
4,6 % vs 27,1 %
Castillo-Huerta et al. (2025)
(26)
61 pacientes, Lima
Complicaciones a 1 año
24 eventos; infección 50 %
de fallos
Fuente: elaboración a partir de Konrad et al. (21), Qiu y Wu (22), Zhou et al. (23), Wathoni et al. (24), Minta
et al. (25) y Castillo-Huerta et al. (26). ETV: ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo; VPS:
derivación ventriculoperitoneal.
La Tabla 4 muestra que el riesgo de infección de shunt permanece clínicamente
relevante, con estimaciones generales de 5 % a 15 % en revisiones contemporáneas y
reducciones significativas asociadas con catéteres impregnados con antibióticos. Qiu y
Wu informaron RR 0,42 en población pediátrica, mientras que Zhou et al. describieron
una reducción de 8,13 % a 4,09 % en una síntesis de operaciones de hidrocefalia,
resultados que apuntan en la misma dirección pese a diferencias en población y diseño
(22,23).
357
La experiencia de Lima mostró que la infección explicó 50 % de los fallos registrados
durante el primer año después de una primera derivación ventriculoperitoneal, un
hallazgo relevante para contextos de ingresos medios. Al comparar alternativas, el
metaanálisis de Minta et al. reportó 4,6 % de complicaciones para ventriculostomía
endoscópica del tercer ventrículo y 27,1 % para derivación ventriculoperitoneal dentro
de los estudios incluidos, diferencia que debe interpretarse según selección etiológica y
edad (25,26).
El Gráfico 4 representa la comparación publicada entre ventriculostomía endoscópica y
derivación ventriculoperitoneal. La figura no implica que toda hidrocefalia deba tratarse
mediante una misma técnica, porque la indicación de ventriculostomía depende de la
etiología, la anatomía y la edad, pero evidencia que el tipo de intervención modifica
el perfil de complicaciones y la dependencia posterior de un dispositivo.
Gráfico 4. Complicaciones en ventriculostomía endoscópica frente a derivación
ventriculoperitoneal
Fuente: elaboración a partir de Minta et al. (25), revisión sistemática y metaanálisis de hidrocefalia
pediátrica. ETV: ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo; VPS: derivación ventriculoperitoneal.
La diferencia mostrada en el Gráfico 4 favorece a la ventriculostomía endoscópica en la
frecuencia global de complicaciones informada por la revisión utilizada, pero el
358
resultado no debe extrapolarse a etiologías no comparables. La selección adecuada
puede reducir la exposición a fallos mecánicos e infección de derivaciones, mientras
que una indicación inadecuada de ventriculostomía puede conducir a fracaso y
necesidad de tratamiento adicional.
De manera transversal, los factores de riesgo identificados se agruparon en cinco
dominios. En el paciente destacaron edad temprana, bajo peso, prematuridad,
comorbilidades, anemia y deterioro neurológico previo; en la enfermedad, tumores
vascularizados, lesiones de fosa posterior, hidrocefalia, epilepsia farmacorresistente y
proximidad a áreas elocuentes; en la cirugía, duración, extensión, hemorragia,
manipulación vascular, posición y reintervención; en anestesia, ventilación difícil,
hipotensión, hipoxemia y embolia aérea; y en el entorno institucional, disponibilidad de
especialistas, cuidados intensivos, protocolos y comunicación.
Los resultados sobre epilepsia reforzaron que la seguridad debe interpretarse junto con
el beneficio funcional. Los lactantes intervenidos antes de los seis meses presentaron
27,7 % de complicaciones en una síntesis, pero también 65,6 % de libertad de crisis; en
espasmos epilépticos la libertad de crisis fue cercana a 68,8 %. Estas cifras no justifican
retrasar o adelantar una intervención de forma automática, sino que muestran la
necesidad de individualizar el balance riesgo-beneficio en centros especializados
(18,19).
La síntesis sobre anemia, hemorragia, infección y eventos anestésicos indica que una
proporción importante de factores son potencialmente modificables mediante
planificación. La optimización hematológica, el uso racional de antifibrinolíticos, la
disponibilidad de hemoderivados, la profilaxis antimicrobiana, el control de temperatura
y ventilación, la monitorización hemodinámica y neurofisiológica, y la vigilancia
359
posoperatoria estructurada constituyen medidas convergentes para disminuir la
probabilidad de daño grave.
La diversidad de resultados también mostró un problema de calidad de la evidencia.
Estudios de gran tamaño pueden utilizar definiciones administrativas, mientras que
cohortes prospectivas pequeñas describen con mayor detalle el evento y su gravedad.
Las revisiones sistemáticas dependen de esa heterogeneidad primaria y, aunque
permiten identificar patrones, no eliminan la necesidad de registros prospectivos
estandarizados que incluyan resultados neurológicos, funcionales y neurocognitivos a
largo plazo.
Discusión
La evidencia integrada confirma que las complicaciones graves en cirugía neurológica
pediátrica de alta complejidad son multifactoriales y específicas del procedimiento. No
se identificó una única complicación dominante para toda la especialidad, porque la
cirugía cerebrovascular y tumoral concentra lesión vascular y déficit neurológico, la
craneosinostosis concentra hemorragia y transfusión, la hidrocefalia concentra infección
y fallo del dispositivo, y la cirugía de epilepsia combina riesgos neurológicos con la
expectativa de mejorar el control de crisis.
La frecuencia de 3,5 % de complicaciones intraoperatorias descrita en 1.807
procedimientos sigue siendo un punto de referencia importante, pero los datos
prospectivos de 2025 aportan una lectura más amplia al incluir eventos relacionados con
cirugía durante 30 días. La diferencia entre 3,5 % y 9,2 % no debe interpretarse como
un aumento temporal del riesgo, porque las ventanas y definiciones son distintas;
demuestra, en cambio, cómo la metodología de vigilancia modifica la detección (3,5).
360
La relación entre gravedad intraoperatoria y recuperación posoperatoria adquiere
particular importancia con sistemas como ClassIntra. El aumento de tiempos
quirúrgicos y la asociación entre eventos mayores, deterioro neurológico y readmisión
observados prospectivamente sugieren que la documentación intraoperatoria puede
funcionar como señal temprana para ajustar la intensidad de vigilancia después de la
cirugía. Esta aproximación complementa los registros clásicos que catalogan
únicamente el diagnóstico final de la complicación (6).
La edad apareció repetidamente como modificador de riesgo, aunque con mecanismos
diferentes según el procedimiento. En cohortes generales, una mayor edad redujo la
probabilidad de eventos adversos; en neuro-oncología, la menor edad se asoció con
complicaciones de líquido cefalorraquídeo; y en hidrocefalia, los lactantes presentan
mayor vulnerabilidad a infección de shunt. La explicación incluye menor reserva
fisiológica, inmadurez inmunológica, menor volemia y características anatómicas que
condicionan la técnica (5,10,24).
La anemia y la pérdida sanguínea son especialmente relevantes en lactantes porque una
pérdida absoluta pequeña puede representar una fracción importante del volumen
circulante. La evidencia de craneosinostosis muestra que la cirugía abierta se acompaña
de mayor frecuencia de eventos que los abordajes endoscópicos, pero la decisión técnica
depende de edad, tipo de sinostosis y objetivos reconstructivos. El hallazgo principal no
es que una técnica sea universalmente superior, sino que el riesgo hemorrágico debe
anticiparse de manera diferenciada (8).
Los metaanálisis de ácido tranexámico coinciden en una reducción de pérdida sanguínea
y transfusión, aunque las magnitudes varían por heterogeneidad. La concordancia
direccional entre Varidel, Zapata-Copete y Alabdulkarim fortalece la plausibilidad
clínica del beneficio, mientras que el protocolo prospectivo de manejo sanguíneo de
361
Moore et al. muestra que el mayor efecto práctico puede obtenerse al integrar la
farmacología con optimización de hemoglobina, recuperación de sangre y criterios
transfusionales estandarizados (33-36).
La interpretación de estos resultados requiere evitar dos extremos. La presencia de
evidencia favorable no autoriza a generalizar un esquema de dosis sin considerar edad,
peso, riesgo trombótico, protocolo anestésico y características del centro; al mismo
tiempo, la heterogeneidad no invalida una estrategia cuando múltiples síntesis muestran
reducción consistente del sangrado. La aplicación clínica debe insertarse en protocolos
institucionales y evaluación individual del riesgo.
En cirugía tumoral, la diferencia entre mortalidad y morbilidad demuestra por qué los
indicadores de resultado deben ir más allá de la supervivencia. Foster et al.
documentaron mortalidad baja pero déficit neurológico persistente en una proporción
mayor, Henriksen et al. mostraron morbilidad significativa en aproximadamente un
tercio de procedimientos y Campbell et al. confirmaron mediante vigilancia prospectiva
una carga relevante de eventos significativos. Los tres estudios convergen en la
necesidad de medir función y reintervención (9,10,12).
La localización infratentorial emergió como factor clínicamente consistente. La fosa
posterior concentra núcleos, pedúnculos cerebelosos, pares craneales y vías largas en un
espacio reducido, y la resección puede alterar circuitos cerebelo-tálamo-corticales. El
vínculo entre invasión del cuarto ventrículo, pedúnculo cerebeloso superior, tronco
cerebral e incisión del vermis con mutismo cerebeloso ofrece una explicación anatómica
de por qué determinadas lesiones producen secuelas desproporcionadas respecto al
tamaño de la resección (13,14).
La evidencia neurocognitiva reciente amplía el concepto de gravedad. El síndrome de
mutismo cerebeloso no termina cuando reaparece el habla, porque pueden persistir
362
alteraciones ejecutivas, psicomotoras y de velocidad de procesamiento. Los estudios de
perfusión y las revisiones de lenguaje sugieren que el daño funcional involucra redes
distribuidas, por lo que el seguimiento debe incluir neuropsicología, lenguaje,
desempeño escolar y participación social, no solamente examen motor y control
radiológico (15,37,38).
La heterogeneidad de las escalas en cirugía de epilepsia plantea un problema semejante.
La libertad de crisis se informa casi universalmente, mientras que la calidad de vida y
los resultados neuropsicológicos aparecen con menor frecuencia y mediante múltiples
instrumentos. Una cirugía puede reducir de forma importante la carga epiléptica y, al
mismo tiempo, producir o revelar déficits que requieren rehabilitación; por ello, la
evaluación integral debe considerar control de crisis, desarrollo, cognición, conducta,
medicación y complicaciones (16,17).
Los resultados de cirugía temprana de epilepsia ilustran un balance clínico complejo. En
lactantes muy pequeños la tasa de complicaciones no es trivial, pero la posibilidad de
controlar crisis en una etapa crítica del neurodesarrollo puede ofrecer beneficios
sustanciales. Los metaanálisis sobre espasmos y cirugía en los primeros meses apoyan
la derivación temprana a centros especializados cuando existe una lesión resecable o
una indicación bien establecida, sin confundir rapidez diagnóstica con precipitación
quirúrgica (18-20).
La hidrocefalia muestra cómo un tratamiento efectivo puede introducir una nueva
categoría de riesgo crónico. La derivación ventriculoperitoneal controla la presión y
permite supervivencia y desarrollo, pero crea dependencia de un sistema susceptible a
infección, obstrucción, migración y sobredrenaje. Los datos de infección entre 5 % y 15
% y la experiencia latinoamericana con infección como principal causa de fallo
363
muestran que la prevención debe mantenerse durante todo el proceso, desde la
implantación hasta el reconocimiento temprano de síntomas (21,26).
Los catéteres impregnados con antibióticos constituyen una intervención preventiva con
respaldo metaanalítico, pero el efecto no debe interpretarse como sustituto de la técnica
estéril. La reducción relativa observada por Qiu y Wu y por Zhou et al. resulta coherente
con una disminución de colonización inicial, mientras que los factores de riesgo
identificados en estudios observacionales muestran que la vulnerabilidad del paciente y
las condiciones perioperatorias siguen influyendo en la aparición de infección (22-24).
La comparación entre ventriculostomía endoscópica y derivación ventriculoperitoneal
introduce además la necesidad de seleccionar el tratamiento de acuerdo con etiología.
La menor proporción de complicaciones informada para ventriculostomía en la revisión
de Minta et al. es relevante, pero la técnica no es aplicable a toda hidrocefalia. La
indicación adecuada requiere valorar edad, anatomía, causa de obstrucción, experiencia
endoscópica y probabilidad de fracaso, evitando convertir una diferencia agregada en
una regla universal (25).
La carga de infección no relacionada con shunts confirma que la seguridad infecciosa
atraviesa toda la neurocirugía pediátrica. Aunque la tasa de 2,7 % puede parecer menor
que otras formas de morbilidad, las infecciones profundas producen reingresos, sepsis y
reintervenciones, por lo que su prevención tiene impacto clínico y económico
desproporcionado. El ajuste por factores de riesgo es esencial para comparar resultados
institucionales de manera justa (27,28).
Las complicaciones anestésicas y relacionadas con la posición merecen una lectura
integrada con la cirugía. La posición sentada facilita determinados accesos a la fosa
posterior, pero puede acompañarse de cambios hemodinámicos y embolia aérea; la
posición park-bench tampoco elimina la posibilidad de eventos. Los datos disponibles,
364
incluidos estudios con muestras pequeñas, respaldan la selección individualizada y la
monitorización de retorno venoso, presión arterial, ventilación, temperatura y signos de
embolia (7).
La prevención efectiva, por tanto, tiene naturaleza multimodal. Antes de la cirugía se
requiere identificar anemia, trastornos de coagulación, vía aérea compleja,
comorbilidades y riesgo de sangrado; durante el procedimiento se necesita
comunicación, disponibilidad de sangre, monitorización fisiológica y neurofisiológica
cuando está indicada, control de temperatura y respuesta rápida ante lesión vascular;
después de la cirugía se requiere evaluación neurológica seriada, vigilancia respiratoria,
balance hídrico y detección de hipertensión intracraneal.
Las listas de verificación quirúrgica aportan un marco de comunicación que puede
disminuir omisiones en entornos de alta complejidad. Su utilidad no radica en convertir
la seguridad en una secuencia burocrática, sino en asegurar que identidad,
procedimiento, disponibilidad de recursos, profilaxis, riesgo hemorrágico y planes de
contingencia sean compartidos por el equipo antes de puntos irreversibles. La
adaptación a neurocirugía pediátrica debe incorporar necesidades específicas de
neuroanestesia y cuidados intensivos (30).
La estandarización de definiciones es una prioridad porque la variación terminológica
afecta investigación, auditoría y comunicación clínica. El consenso pediátrico y los
trabajos recientes sobre indicadores de calidad muestran que el mismo evento puede
clasificarse de forma distinta entre instituciones, lo que dificulta establecer umbrales de
desempeño. Un registro multicéntrico útil debería combinar definiciones consensuadas,
gravedad, temporalidad, relación causal, reintervención, discapacidad y recuperación
funcional (2,11).
365
La fortaleza principal de la evidencia integrada radica en combinar grandes cohortes,
registros nacionales, estudios prospectivos y metaanálisis específicos. Esta triangulación
permite reconocer patrones que se repiten en diseños diferentes: mayor vulnerabilidad
de edades tempranas, importancia de la localización anatómica, impacto del sangrado,
papel de la infección y necesidad de seguimiento funcional. La consistencia cualitativa
aumenta la confianza en esos patrones incluso cuando no puede calcularse un efecto
global.
La principal limitación corresponde a la heterogeneidad clínica y metodológica. La
agregación conceptual incluye tumores, craneosinostosis, hidrocefalia, epilepsia, cirugía
vascular y procedimientos de fosa posterior, cada uno con mecanismos de riesgo
diferentes. Además, una proporción importante de la literatura sigue siendo
retrospectiva o unicéntrica, y las ventanas de seguimiento varían desde el
intraoperatorio hasta 30 días, un año o evaluaciones neurocognitivas de largo plazo.
Otra limitación procede de la imposibilidad de reconstruir retrospectivamente, con
trazabilidad completa, los conteos de identificación, duplicación y exclusión de todas
las bases originalmente proyectadas en el documento base. Para preservar integridad
metodológica se evitó atribuir números de flujo no documentados y se utilizó PRISMA
2020 como marco de reporte de la síntesis y de la actualización verificable, sin fabricar
un diagrama cuantitativo. Esta decisión reduce apariencia de exhaustividad, pero
aumenta la transparencia.
También debe considerarse que algunos resultados cuantitativos proceden de
metaanálisis que comparten estudios primarios, por lo que no representan observaciones
independientes. Esta situación es especialmente relevante para ácido tranexámico,
catéteres impregnados y cirugía de epilepsia. Por ello, los gráficos presentados no
366
combinaron nuevamente efectos ni calcularon promedios entre revisiones, y se
conservaron las estimaciones originales como información descriptiva.
La comparación internacional evidencia además diferencias en recursos y trayectorias
asistenciales. Revisiones recientes sobre hidrocefalia pediátrica en África y Asia
muestran variaciones de etiología, acceso, estrategia de tratamiento y resultados, lo que
limita la transferencia automática de cifras provenientes de centros de altos ingresos. La
experiencia de Lima refuerza la importancia de producir datos latinoamericanos y de
evaluar prevención de infección dentro de las condiciones reales de cada sistema
sanitario (39,40).
En el contexto latinoamericano, la disponibilidad de neurocirugía pediátrica
especializada, cuidados intensivos, hemoderivados, neuroimagen avanzada y
seguimiento rehabilitador puede ser heterogénea. La aplicación de evidencia
internacional debe acompañarse de registros locales que permitan identificar barreras,
tiempos de derivación, disponibilidad de insumos y resultados funcionales. Esta
necesidad no modifica el tema central de la revisión, sino que define una línea de
investigación para adaptar la seguridad a contextos concretos.
La novedad de la síntesis consiste en organizar las complicaciones graves por
mecanismo y procedimiento, manteniendo simultáneamente una visión de proceso
continuo. El riesgo comienza antes de la incisión con condiciones del paciente y de la
enfermedad, se expresa durante la intervención mediante sangrado, lesión vascular o
inestabilidad, continúa después con edema, déficit, infección o crisis, y puede
prolongarse mediante secuelas neurocognitivas. Esta continuidad permite diseñar
prevención en varios puntos y no solamente responder al evento final.
Las futuras investigaciones deberían priorizar cohortes prospectivas multicéntricas con
definiciones estandarizadas y seguimiento suficiente para distinguir déficits transitorios
367
de secuelas persistentes. Se requiere además incorporar resultados reportados por
pacientes y familias, medidas de función neurocognitiva, calidad de vida, reintegración
escolar y carga de reintervención. La integración de estos indicadores permitiría evaluar
con mayor precisión el costo clínico real de una complicación y la efectividad de los
programas de mejora.
La investigación futura también debería evaluar modelos de predicción específicos por
procedimiento, evitando algoritmos que mezclen riesgos no equivalentes. En
craneosinostosis serían prioritarios edad, peso, hemoglobina y técnica; en tumores,
localización, volumen y relación con estructuras críticas; en hidrocefalia, edad, etiología
y antecedentes infecciosos; en cirugía de epilepsia, extensión, etiología y edad. Los
modelos solo serían útiles si se validan externamente y se integran con juicio clínico.
En conjunto, los hallazgos respaldan una concepción de seguridad basada en
especialización, anticipación y medición. La tecnología quirúrgica por sí sola no elimina
el riesgo, pero puede disminuirlo cuando se integra con experiencia pediátrica,
protocolos de sangre, prevención de infección, monitorización y cuidados intensivos.
Del mismo modo, una tasa baja de mortalidad no debe interpretarse como ausencia de
daño si persisten déficits neurológicos, reintervenciones o alteraciones neurocognitivas
de largo plazo.
Conclusiones
La evidencia analizada permitió establecer que las complicaciones graves en cirugía
neurológica pediátrica de alta complejidad constituyen un fenómeno multifactorial cuyo
perfil cambia según la enfermedad, la anatomía y el procedimiento. La hemorragia, la
lesión vascular, la isquemia, el edema, la hipertensión intracraneal, los nuevos déficits
neurológicos, las crisis convulsivas, el mutismo cerebeloso, las alteraciones
368
respiratorias y cardiovasculares, la infección y la reintervención concentran la mayor
relevancia clínica.
El objetivo general se respondió al demostrar que no existe una tasa única representativa
de toda neurocirugía pediátrica. Los procedimientos cerebrovasculares y tumorales
presentan especial vulnerabilidad a lesión vascular y déficit neurológico, la
craneosinostosis mantiene un componente hemorrágico y transfusional destacado, la
fosa posterior incorpora el riesgo de mutismo cerebeloso y secuelas neurocognitivas, y
la hidrocefalia concentra infección y fallo de dispositivos, mientras que la cirugía de
epilepsia exige balancear complicaciones frente al beneficio de controlar crisis.
Los factores asociados con mayor riesgo incluyen edad temprana, bajo peso,
comorbilidades, anemia, complejidad anatómica, localización infratentorial, proximidad
a estructuras elocuentes, cirugía prolongada, pérdida sanguínea, manipulación vascular,
determinadas posiciones y necesidad de reintervención. La interacción entre factores del
paciente, de la enfermedad, quirúrgicos, anestésicos e institucionales explica por qué el
riesgo no puede atribuirse a una sola variable y requiere evaluación multidisciplinaria.
La prevención debe comenzar antes de la cirugía mediante optimización hematológica,
planificación de vía aérea, disponibilidad de hemoderivados y anticipación de
complicaciones, continuar durante el procedimiento con neuroanestesia especializada,
monitorización, técnica microquirúrgica, manejo racional de antifibrinolíticos y
comunicación del equipo, y mantenerse después mediante vigilancia neurológica,
respiratoria y hemodinámica. Los beneficios del ácido tranexámico y de los shunts
impregnados con antibióticos deben integrarse en estrategias multimodales y no
sustituir las medidas básicas de seguridad.
La estandarización de definiciones y resultados constituye un requisito para mejorar la
comparación entre centros. La mortalidad aislada es insuficiente, por lo que los registros
369
deberían incorporar gravedad de la complicación, reintervención, readmisión, déficit
persistente, función neurocognitiva y calidad de vida. La utilización de indicadores
comparables permitiría identificar oportunidades de mejora y evaluar intervenciones
preventivas con mayor validez clínica.
El principal aporte de la revisión consiste en integrar la seguridad como un proceso
continuo que comienza en la evaluación preoperatoria y se extiende hasta la
recuperación neurológica y funcional de largo plazo. El desarrollo de registros
multicéntricos prospectivos, la validación de modelos de riesgo específicos por
procedimiento y la generación de evidencia latinoamericana permitirán precisar factores
modificables y orientar programas de mejora adaptados a la realidad de cada sistema de
salud.
370
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