Ecografía versus tomografía en abdomen agudo: rendimiento diagnóstico y
correlación de hallazgos imagenológicos con el diagnóstico definitivo.
Ultrasound versus computed tomography in acute abdomen: diagnostic performance
and correlation of imaging findings with the definitive diagnosis.
Ultrassonografia versus tomografia computadorizada no abdome agudo: desempenho
diagnóstico e correlação dos achados de imagem com o diagnóstico definitivo.
Erick Washington Balladares Giler
Universidad de Guayaquil
Ecuador
erickballadares11@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0001-4617-8993
Forma de citación en APA, séptima edición.
Balladares, E. (2026). Ecografía versus tomografía en abdomen agudo: rendimiento diagnóstico y
correlación de hallazgos imagenológicos con el diagnóstico definitivo. Revista Ibero Research, 1(7),
301 - 338.
Fecha
de
presentación:
01/09/2026
Fecha
de
aceptación:
03/09/2026
Fecha
de
publicación:
04/09/2026
301
Resumen
El abdomen agudo exige decisiones diagnósticas rápidas porque múltiples
enfermedades comparten manifestaciones clínicas y pueden evolucionar hacia
complicaciones graves. El objetivo fue comparar el rendimiento diagnóstico de la
ecografía abdominal y la tomografía computarizada, con énfasis en apendicitis,
colecistitis, diverticulitis y obstrucción intestinal, y establecer su correlación con el
diagnóstico definitivo. Se desarrolló una revisión sistemática cualitativa de evidencia de
exactitud diagnóstica, estructurada con PRISMA 2020, principios del Cochrane
Handbook y criterios de riesgo de sesgo de QUADAS-2, sin efectuar un metaanálisis de
novo. La tomografía mostró mayor rendimiento en apendicitis, con sensibilidad de 97,2
% y especificidad de 95,6 %, frente a 82,1 % y 85,9 % para ecografía; en colecistitis las
diferencias fueron menores, mientras que en diverticulitis y obstrucción la ecografía
alcanzó valores elevados para detección, pero la tomografía aportó mayor capacidad
para caracterizar extensión, etiología y complicaciones. Se concluyó que ambas
modalidades son complementarias, con una estrategia escalonada que favorece
ecografía inicial en escenarios seleccionados y tomografía ante incertidumbre,
diagnóstico diferencial amplio o sospecha de enfermedad complicada.
Palabras clave: sensibilidad; especificidad; apendicitis; colecistitis; obstrucción
intestinal.
302
Abstract
Acute abdomen requires rapid diagnostic decisions because multiple diseases share
clinical manifestations and may progress to severe complications. The objective was to
compare the diagnostic performance of abdominal ultrasound and computed
tomography, with emphasis on appendicitis, cholecystitis, diverticulitis, and intestinal
obstruction, and to establish their correlation with the definitive diagnosis. A qualitative
systematic review of diagnostic accuracy evidence was developed, structured according
to PRISMA 2020, Cochrane Handbook principles, and QUADAS-2 risk-of-bias criteria,
without performing a de novo meta-analysis. Computed tomography showed higher
performance in appendicitis, with 97.2% sensitivity and 95.6% specificity, compared
with 82.1% and 85.9% for ultrasound; in cholecystitis the differences were smaller,
whereas in diverticulitis and obstruction ultrasound achieved high detection
performance, but computed tomography provided greater ability to characterize extent,
etiology, and complications. It was concluded that both modalities are complementary,
supporting a stepwise strategy that favors initial ultrasound in selected scenarios and
computed tomography when uncertainty, a broad differential diagnosis, or suspected
complicated disease is present.
Keywords: sensitivity; specificity; appendicitis; cholecystitis; intestinal obstruction.
303
Resumo
O abdome agudo exige decisões diagnósticas rápidas porque múltiplas doenças
compartilham manifestações clínicas e podem evoluir para complicações graves. O
objetivo foi comparar o desempenho diagnóstico da ultrassonografia abdominal e da
tomografia computadorizada, com ênfase em apendicite, colecistite, diverticulite e
obstrução intestinal, e estabelecer sua correlação com o diagnóstico definitivo. Foi
desenvolvida uma revisão sistemática qualitativa de evidências de acurácia diagnóstica,
estruturada conforme o PRISMA 2020, os princípios do Cochrane Handbook e os
critérios de risco de viés do QUADAS-2, sem realização de metanálise de novo. A
tomografia apresentou maior desempenho na apendicite, com sensibilidade de 97,2% e
especificidade de 95,6%, frente a 82,1% e 85,9% da ultrassonografia; na colecistite as
diferenças foram menores, enquanto na diverticulite e na obstrução a ultrassonografia
mostrou elevada capacidade de detecção, porém a tomografia ofereceu maior
caracterização da extensão, etiologia e complicações. Concluiu-se que as modalidades
são complementares, sustentando estratégia escalonada com ultrassonografia inicial em
cenários selecionados e tomografia diante de incerteza, amplo diagnóstico diferencial ou
suspeita de doença complicada.
Palavras-chave: sensibilidade; especificidade; apendicite; colecistite; obstrução
intestinal.
Introducción
304
El abdomen agudo constituye un síndrome clínico de elevada relevancia en los servicios
de emergencia, debido a la amplitud del diagnóstico diferencial y a la posibilidad de
progresión rápida hacia sepsis, perforación, isquemia, hemorragia o compromiso
hemodinámico. La valoración inicial exige integrar antecedentes, examen físico,
pruebas de laboratorio e imagen, porque múltiples enfermedades comparten
manifestaciones clínicas y la utilidad de cada prueba depende de la probabilidad pretest
y del escenario anatómico [1-3].
La imagen diagnóstica permite confirmar o descartar causas tratables, establecer la
extensión de la enfermedad y reconocer diagnósticos alternativos que modifican la
conducta. La tomografía computarizada ofrece una evaluación panorámica del abdomen
y la pelvis, mientras que la ecografía proporciona una exploración dinámica, repetible y
exenta de radiación ionizante, con ventajas cuando la sospecha se concentra en
estructuras accesibles al ultrasonido o cuando se desea limitar exposición radiológica
[1,2,4-6].
La selección entre ecografía y tomografía no puede reducirse a una comparación aislada
de sensibilidad y especificidad, porque el rendimiento depende de la enfermedad, edad,
embarazo, constitución corporal, estabilidad clínica, experiencia del operador y
disponibilidad tecnológica. La ecografía puede disminuir su calidad por obesidad,
meteorismo o ventanas acústicas limitadas, mientras que la tomografía ofrece mayor
campo de visión y mejor caracterización de colecciones, perforación, obstrucción,
alteraciones vasculares y diagnósticos alternativos [2,5,6].
En apendicitis aguda, la ecografía identifica aumento del diámetro apendicular, ausencia
de compresibilidad, engrosamiento parietal, hiperemia, líquido periapendicular o
apendicolito, pero su principal limitación es la no visualización completa del apéndice.
Las guías WSES favorecen estrategias escalonadas en niños, jóvenes y embarazo, con
305
tomografía selectiva cuando persiste incertidumbre, mientras que en adultos la
evidencia comparativa muestra una mayor estabilidad diagnóstica de la tomografía
[10-16].
El metaanálisis de Dizon y colaboradores informó sensibilidad agrupada de 97,2 % y
especificidad de 95,6 % para tomografía en apendicitis, frente a 82,1 % y 85,9 % para
ecografía [11]. Esta diferencia contrasta con la colecistitis, donde un metaanálisis de
2024 estimó sensibilidad de 83,9 % para tomografía y 79,0 % para ecografía, con
especificidades cercanas a 94,0 % y 93,6 %, respectivamente, sin una superioridad
absoluta en las comparaciones directas [17].
La ecografía conserva un papel de primera línea en patología biliar por su capacidad
para demostrar litiasis, distensión vesicular, engrosamiento de la pared, líquido
perivesicular y signo de Murphy ecográfico. La tomografía adquiere mayor utilidad ante
duda diagnóstica, sospecha de gangrena, perforación, absceso u otra causa abdominal,
por lo que revisiones sistemáticas, criterios de Tokio y recomendaciones radiológicas
respaldan una elección basada en la presentación clínica y la necesidad de identificar
complicaciones [18-22].
En diverticulitis aguda, la ecografía puede detectar engrosamiento de la pared intestinal,
divertículos inflamados y cambios de la grasa pericólica, con elevada exactitud en
enfermedad no complicada, mientras que la tomografía conserva ventajas para mostrar
aire extraluminal, abscesos, fístulas, obstrucción y extensión de la inflamación. La
evidencia comparativa y las guías contemporáneas sostienen que la necesidad de
clasificar complicaciones condiciona la elección de la modalidad [23-27].
La obstrucción intestinal también ilustra la complementariedad entre pruebas. La
ecografía puede demostrar asas dilatadas, cambios en la motilidad y, en algunos casos,
el punto de transición, con metaanálisis que informan sensibilidad y especificidad
306
alrededor de 92 % y 93 % para obstrucción del intestino delgado [28,29]. La tomografía
añade información sobre etiología, localización, estrangulación, isquemia o perforación,
aspectos que adquieren prioridad cuando la pregunta clínica trasciende la simple
detección [30,31].
La comparación metodológicamente válida de pruebas diagnósticas requiere considerar
sensibilidad y especificidad de manera conjunta, además del estándar de referencia y la
heterogeneidad entre poblaciones, protocolos y operadores. PRISMA 2020, el Cochrane
Handbook para exactitud diagnóstica y QUADAS-2 aportan criterios para la
transparencia, la síntesis y la evaluación del riesgo de sesgo, evitando interpretar una
cifra aislada como una medida universal de utilidad clínica [7-9].
El problema científico se concentra en determinar cuándo la superioridad técnica de una
modalidad se traduce en una ventaja clínica y cuándo una prueba menos invasiva puede
resolver la incertidumbre con suficiente precisión. El objetivo general fue comparar el
rendimiento diagnóstico de la ecografía abdominal frente a la tomografía computarizada
en pacientes con abdomen agudo y determinar cuál modalidad presenta mayor
correlación con el diagnóstico definitivo; de forma específica se compararon
apendicitis, colecistitis, diverticulitis y obstrucción intestinal, se examinaron
sensibilidad y especificidad, se identificaron factores asociados con resultados falsos y
se valoraron ventajas y limitaciones clínicas.
307
Metodología
Se desarrolló una revisión sistemática cualitativa orientada a la exactitud diagnóstica,
con una síntesis comparativa de ecografía abdominal y tomografía computarizada en
pacientes con sospecha de abdomen agudo. El proceso se estructuró con los principios
de PRISMA 2020 para el reporte transparente y con las recomendaciones metodológicas
del Cochrane Handbook para revisiones de pruebas diagnósticas, evitando realizar un
metaanálisis de novo cuando los datos procedían de revisiones heterogéneas o no se
disponía de tablas individuales de dos por dos [7,8].
La pregunta diagnóstica se formuló con una estructura PICO adaptada, en la que la
población correspondió a pacientes adultos o pediátricos con sospecha clínica de
abdomen agudo, la intervención o prueba índice de interés fue la tomografía
computarizada abdominal, el comparador fue la ecografía abdominal y los desenlaces
incluyeron sensibilidad, especificidad, precisión diagnóstica, identificación de
complicaciones y correlación con el diagnóstico definitivo. El análisis mantuvo como
entidades clínicas principales la apendicitis, colecistitis, diverticulitis y obstrucción
intestinal.
La base documental principal estuvo constituida por la investigación proporcionada
para el desarrollo del artículo, la cual contenía una selección de revisiones sistemáticas,
metaanálisis, guías clínicas, estudios de exactitud diagnóstica y documentos
metodológicos relevantes. Para fortalecer la contextualización se integraron fuentes
complementarias ampliamente reconocidas sobre diagnóstico por imágenes en dolor
abdominal agudo, criterios de selección de pruebas y guías específicas por patología,
preservando el enfoque original y sin sustituir los resultados cuantitativos centrales del
documento base.
308
Se consideraron elegibles estudios originales prospectivos o retrospectivos de exactitud
diagnóstica, revisiones sistemáticas, metaanálisis y guías con información directamente
aplicable a la selección de ecografía o tomografía en abdomen agudo. Se requirió que
los trabajos evaluaran al menos una de las modalidades y emplearan un estándar de
referencia clínico, quirúrgico, anatomopatológico o de seguimiento suficientemente
definido, además de reportar sensibilidad, especificidad, valores predictivos, datos para
derivar medidas de exactitud o información clínica sobre detección de complicaciones.
Se excluyeron publicaciones de opinión, cartas al editor, estudios exclusivamente
experimentales, investigaciones sin población compatible con abdomen agudo,
documentos que no describieran la prueba de imagen evaluada y trabajos sin un
estándar diagnóstico interpretable. También se descartó la extrapolación de resultados
de técnicas no comparables con ecografía o tomografía, porque la finalidad fue analizar
dos estrategias de imagen concretas y su relación con el diagnóstico definitivo, no
realizar una revisión general de todas las modalidades disponibles.
La estrategia conceptual de búsqueda se organizó mediante términos en inglés y español
relacionados con acute abdomen, acute abdominal pain, ultrasound, ultrasonography,
computed tomography, diagnostic accuracy, sensitivity, specificity, appendicitis,
cholecystitis, diverticulitis y small bowel obstruction. Los operadores booleanos AND y
OR se combinaron de acuerdo con la pregunta clínica, mientras que los términos
específicos de cada patología permitieron identificar evidencia con mayor
homogeneidad diagnóstica. La priorización temporal se concentró en literatura reciente,
manteniendo estudios clásicos cuando constituían referencias fundamentales o
metaanálisis seminales.
Las bases científicas contempladas en el marco metodológico fueron
PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, Cochrane Library y repositorios de guías
309
clínicas, junto con rastreo de referencias de publicaciones relevantes. Para la presente
síntesis se conservaron únicamente datos cuantitativos que se encontraban respaldados
por las fuentes incluidas y claramente identificados en el documento base o en
referencias complementarias, por lo que no se asignaron valores cuando una revisión no
aportaba una cifra comparable o cuando las estimaciones dependían de umbrales
diferentes.
La extracción de información consideró autor, año, patología, tipo de evidencia,
modalidad evaluada, población general de interés, estándar de referencia cuando se
describía, sensibilidad, especificidad y capacidad para detectar complicaciones. Se
registraron además variables clínicas asociadas con la utilidad práctica de cada prueba,
entre ellas exposición a radiación, dependencia del operador, repetibilidad, costo
relativo, rendimiento en pediatría o embarazo y capacidad para identificar diagnósticos
alternativos, ya que estos elementos condicionan la selección de la modalidad más allá
de la exactitud estadística.
La evaluación crítica se apoyó en los dominios propuestos por QUADAS-2, sin generar
una clasificación artificial de riesgo para estudios cuyo texto completo no fue
reevaluado de forma individual. Se prestó atención a posibles sesgos de selección,
verificación y flujo, además de la aplicabilidad de la prueba índice y del estándar de
referencia, porque una ecografía realizada por operadores expertos puede presentar un
comportamiento diferente al observado en centros con menor entrenamiento, mientras
que la tomografía varía según protocolo, contraste, dosis y experiencia interpretativa
[9,33].
La síntesis se organizó de forma narrativa y tabular, con énfasis en estimaciones
agrupadas publicadas previamente. En apendicitis se adoptaron como cifras centrales las
estimaciones del metaanálisis de Dizon y colaboradores; para colecistitis se utilizaron
310
los valores del metaanálisis comparativo de 2024; para diverticulitis se conservaron las
estimaciones de la revisión comparativa clásica y se contrastaron con evidencia
reciente; en obstrucción intestinal se emplearon las estimaciones agrupadas de ecografía
reportadas en la literatura disponible [11,17,19,23,28].
No se calcularon efectos combinados nuevos ni intervalos de confianza a partir de datos
incompletos, porque esa práctica habría implicado mezclar poblaciones, protocolos y
estándares de referencia heterogéneos. Los cálculos derivados se limitaron a diferencias
absolutas entre porcentajes ya publicados para facilitar la comparación visual, sin
modificar las estimaciones originales, y se expresaron en puntos porcentuales. Esta
decisión mantuvo la distinción entre síntesis descriptiva y metaanálisis formal,
conforme con las recomendaciones para revisiones de exactitud diagnóstica [8].
Los cuatro gráficos se generaron con Python 3.13.5 y Matplotlib 3.10.8 a partir de datos
numéricos publicados en las fuentes seleccionadas, sin simulación ni imputación. Las
tablas se construyeron mediante extracción estructurada de la evidencia y se utilizaron
abreviaturas únicamente cuando su significado podía especificarse con claridad. La
secuencia de presentación se diseñó para alternar tablas y gráficos, de manera que cada
elemento visual respondiera a una pregunta analítica distinta y evitara la repetición
decorativa de información.
El análisis se centró en la sensibilidad como capacidad para detectar enfermedad y en la
especificidad como capacidad para descartar correctamente a quienes no presentan la
entidad, interpretadas conjuntamente con el contexto clínico. Se evitó jerarquizar una
modalidad solo por un valor aislado, porque la utilidad de una prueba también depende
de la frecuencia de resultados no concluyentes, de su capacidad para mostrar
complicaciones y del impacto potencial sobre la conducta clínica, especialmente en
escenarios de alta gravedad o diagnóstico diferencial amplio.
311
No se requirió intervención directa sobre seres humanos, acceso a historias clínicas
identificables ni manejo de muestras biológicas, dado que la unidad de análisis estuvo
constituida por publicaciones científicas y documentos de acceso académico. En
consecuencia, el desarrollo correspondió a una síntesis secundaria de evidencia y no
implicó procedimientos experimentales ni modificación de tratamientos. Se mantuvo el
principio de trazabilidad mediante la citación de las fuentes originales de los datos
utilizados en tablas, gráficos y comparaciones.
La metodología reconoció como limitación inherente la heterogeneidad de la literatura
diagnóstica, especialmente cuando una patología incluye diferentes espectros de
severidad o cuando la experiencia del operador modifica la visualización ecográfica. Por
esta razón, los resultados se interpretaron como estimaciones aplicables al contexto
descrito por cada fuente y no como valores universales, mientras que la comparación
global se utilizó para identificar patrones consistentes de complementariedad entre
ecografía y tomografía, en lugar de construir una jerarquía absoluta para todo abdomen
agudo.
312
Resultados
La síntesis de la evidencia mostró que el rendimiento relativo de ecografía y tomografía
depende de la patología y de la pregunta clínica que debe resolverse. La mayor
diferencia cuantitativa se observó en apendicitis adulta, mientras que en colecistitis las
estimaciones fueron mucho más próximas; en diverticulitis la ecografía alcanzó valores
elevados para detección de enfermedad, aunque la tomografía mostró mayor
especificidad, y en obstrucción intestinal la ecografía presentó un desempeño favorable
para identificar la presencia de obstrucción [11,17,19,28].
El conjunto de fuentes cuantitativas seleccionadas incluyó metaanálisis y revisiones
sistemáticas centradas en las cuatro entidades principales, complementadas con guías y
estudios de imagen aplicables a la práctica de emergencia. La Tabla 1 resume el núcleo
de evidencia utilizado para organizar los resultados, diferenciando la contribución de
cada publicación y evitando atribuirle datos que no estuvieran explícitamente
disponibles en la fuente correspondiente.
Tabla 1. Características de la evidencia principal utilizada en la síntesis diagnóstica
Autor
Año
Patología
Tipo de
evidencia
Modalidad
Contribución
principal
Dizon et al.
2022
Apendicitis
Revisión
sistemática y
metaanálisis
Ecografía y TC
Comparación de
sensibilidad y
especificidad en
adultos
Oliveira et al.
2024
Colecistitis
Revisión
sistemática y
metaanálisis
Ecografía y TC
Comparación
directa de
rendimiento
diagnóstico
Laméris et al.
2008
Diverticulitis
Metaanálisis de
exactitud
Ecografía y TC
Estimaciones
comparativas de
sensibilidad y
especificidad
Shokoohi et al.
2025
Diverticulitis
Revisión
sistemática y
metaanálisis
Ecografía
Actualización
del rendimiento
ecográfico
Lin et al.
2021
Obstrucción
intestinal
Revisión
sistemática y
metaanálisis
Ecografía
Estimación
agrupada para
obstrucción del
intestino delgado
313
Autor
Año
Patología
Tipo de
evidencia
Modalidad
Contribución
principal
Motavaselian et
al.
2024
Obstrucción
intestinal
Revisión
sistemática y
metaanálisis
Ecografía
Síntesis
contemporánea
del desempeño
ultrasonográfico
Fuente: elaboración con base en las referencias [11], [17], [19], [23], [28] y [29].
La Tabla 1 evidencia que la comparación no se sustentó en una única fuente ni en una
sola enfermedad, sino en varios cuerpos de evidencia con objetivos diagnósticos
distintos. El mayor nivel de comparabilidad directa se encontró en apendicitis y
colecistitis, mientras que en diverticulitis y obstrucción intestinal la interpretación
necesitó considerar la finalidad clínica de la prueba, porque detectar enfermedad no
equivale necesariamente a caracterizar extensión, etiología o presencia de
complicaciones.
En apendicitis, la estructura de la evidencia permitió una comparación cuantitativa
amplia entre modalidades, con 47 estudios agrupados en el metaanálisis de Dizon,
distribuidos entre tomografía, ecografía y estudios que evaluaron ambas pruebas. Para
las otras patologías se conservaron los resultados agregados publicados por las
revisiones pertinentes, sin reconstruir tamaños muestrales no documentados en el
material disponible, lo que mantuvo la trazabilidad de la síntesis [11,17,19,28].
La primera comparación gráfica se orientó a sensibilidad, porque la omisión de una
enfermedad potencialmente quirúrgica puede traducirse en retraso terapéutico. Se
incluyeron únicamente las patologías para las que el documento base ofrecía
estimaciones comparables de ecografía y tomografía, de forma que la visualización
representara diferencias reales y no combinaciones inferidas a partir de fuentes no
equivalentes.
314
Gráfico 1. Sensibilidad comparativa de ecografía y tomografía en patologías seleccionadas
Fuente: elaboración a partir de Dizon et al. [11], Oliveira et al. [17] y Laméris et al. [19].
El Gráfico 1 muestra una separación marcada en apendicitis, donde la sensibilidad de la
tomografía superó en 15,1 puntos porcentuales a la ecografía, mientras que la brecha fue
de 4,9 puntos en colecistitis y de aproximadamente 2 puntos en diverticulitis. El patrón
confirma que la ventaja de la tomografía no se distribuye de manera uniforme entre
todas las causas de abdomen agudo y que la magnitud del beneficio depende de la
enfermedad evaluada [11,17,19].
La sensibilidad ecográfica más alta dentro de las comparaciones directas correspondió a
diverticulitis, seguida por apendicitis y colecistitis, aunque estos valores procedieron de
cuerpos de evidencia distintos y no deben interpretarse como una clasificación universal
entre enfermedades. La variabilidad puede relacionarse con ventanas acústicas,
localización de la lesión, criterios diagnósticos y experiencia del operador, factores que
se vuelven especialmente relevantes cuando un resultado negativo se utiliza para decidir
si se requieren pruebas adicionales.
Para integrar sensibilidad y especificidad sin perder la trazabilidad de los datos, la Tabla
2 reúne las estimaciones centrales extraídas de las fuentes cuantitativas utilizadas. En
315
obstrucción intestinal se consignaron únicamente los valores de ecografía respaldados
por el metaanálisis correspondiente, debido a que la síntesis base no proporcionó una
estimación agrupada equivalente de tomografía que pudiera compararse sin recurrir a
una construcción artificial.
Tabla 2. Estimaciones de sensibilidad y especificidad utilizadas en la comparación
Patología
Sensibilidad US
(%)
Especificidad
US (%)
Sensibilidad TC
(%)
Especificidad
TC (%)
Fuente
Apendicitis
82,1
85,9
97,2
95,6
Dizon et al. [11]
Colecistitis
79,0
93,6
83,9
94,0 aprox.
Oliveira et al.
[17]
Diverticulitis
92,0 aprox.
90,0 aprox.
94,0 aprox.
99,0 aprox.
Laméris et al.
[19]
Obstrucción
intestinal
92,0 aprox.
93,0 aprox.
NR
NR
Lin et al. [28]
Fuente: elaboración con datos publicados en las referencias indicadas; NR: no reportado como estimación agrupada
comparable en la síntesis base.
La Tabla 2 confirma que la apendicitis presenta la mayor diferencia simultánea en
sensibilidad y especificidad a favor de la tomografía, mientras que en colecistitis las
cifras de especificidad son prácticamente equivalentes. En diverticulitis, las
sensibilidades resultan cercanas, pero la especificidad agrupada de tomografía supera a
la ecografía, una diferencia relevante cuando el objetivo es reducir falsos positivos y
establecer con mayor seguridad la extensión anatómica del proceso [11,17,19].
La obstrucción intestinal constituye un ejemplo de por qué la ausencia de una cifra
comparativa de tomografía no debe interpretarse como menor utilidad de esta
modalidad. La ecografía alcanzó sensibilidad de 92 % y especificidad de 93 % para
detectar obstrucción del intestino delgado, pero la tomografía aporta información
adicional sobre punto de transición, etiología, signos de asa cerrada, isquemia o
perforación, elementos que no se resumen adecuadamente mediante una sola medida de
exactitud [28-31].
La siguiente representación se concentró en especificidad, porque la confirmación de un
diagnóstico radiológico debe minimizar resultados falsos positivos que podrían conducir
316
a intervenciones innecesarias o a una búsqueda diagnóstica mal dirigida. Al igual que en
el gráfico anterior, solo se utilizaron estimaciones comparables provenientes de las
fuentes cuantitativas seleccionadas.
Gráfico 2. Especificidad comparativa de ecografía y tomografía en patologías seleccionadas
Fuente: elaboración a partir de Dizon et al. [11], Oliveira et al. [17] y Laméris et al. [19].
El Gráfico 2 muestra que la especificidad de la tomografía fue superior en las tres
patologías comparadas, aunque con magnitudes muy diferentes. La brecha fue de 9,7
puntos porcentuales en apendicitis, de aproximadamente 0,4 puntos en colecistitis y de
9 puntos en diverticulitis, de modo que la equivalencia práctica entre modalidades
resulta mucho más evidente en el escenario biliar que en las otras dos entidades
[11,17,19].
La proximidad de las especificidades en colecistitis respalda la utilización de ecografía
como estudio inicial cuando la sospecha clínica y los hallazgos son concordantes. En
contraste, la diferencia observada en diverticulitis sugiere que una estrategia basada
exclusivamente en ecografía puede requerir confirmación tomográfica cuando la
presentación es atípica, existen dudas sobre extensión o se sospechan complicaciones,
porque el objetivo clínico trasciende la identificación de inflamación localizada.
317
Los resultados cuantitativos se complementaron con una comparación clínica global, ya
que una prueba puede presentar buen rendimiento estadístico y aun así resultar menos
conveniente en determinados pacientes. La Tabla 3 integra características relacionadas
con seguridad, reproducibilidad, capacidad de caracterización y utilidad en poblaciones
especiales, utilizando únicamente propiedades ampliamente establecidas y descritas en
las fuentes de la revisión.
Tabla 3. Comparación clínica global entre ecografía abdominal y tomografía computarizada
Variable
Ecografía
Tomografía computarizada
Radiación ionizante
No
Dependencia del operador
Alta
Menor durante la adquisición
Apendicitis
Buena; limitada por no visualización
Excelente en adultos
Colecistitis
Excelente como primera prueba
Excelente; útil ante complicaciones
Diverticulitis
Buena en casos seleccionados
Excelente para extensión y
complicaciones
Obstrucción intestinal
Buena para detección
Excelente para caracterización
Perforación y abscesos profundos
Limitada
Alta capacidad de detección
Evaluación vascular
Variable
Alta con protocolo apropiado
Pediatría y embarazo
Muy favorable
Uso selectivo
Diagnóstico alternativo
Más limitado
Elevado campo de evaluación
Repetibilidad
Alta
Condicionada por radiación
Costo relativo
Generalmente menor
Generalmente mayor
Fuente: síntesis cualitativa basada en la evidencia y recomendaciones citadas [1], [5], [6], [10], [17], [19], [28] y [30].
La Tabla 3 evidencia que la ecografía concentra ventajas en seguridad radiológica,
repetibilidad y uso en población pediátrica o embarazo, mientras que la tomografía
destaca por la caracterización de perforación, abscesos profundos, compromiso vascular
y diagnósticos alternativos. Estas diferencias explican por qué una única modalidad no
satisface con igual eficacia todas las necesidades diagnósticas del abdomen agudo y por
qué la selección debe relacionarse con el riesgo y la pregunta clínica concreta [1,5,6].
La dependencia del operador constituye la principal limitación transversal de la
ecografía, porque la obtención e interpretación de imágenes ocurren de manera
simultánea y pueden verse afectadas por experiencia, obesidad o meteorismo. En
318
tomografía, la adquisición es más estandarizada, aunque la precisión también puede
variar con el protocolo, el uso de contraste, el grosor de corte y la interpretación
radiológica; por tanto, la menor dependencia del operador no equivale a ausencia de
variabilidad diagnóstica.
Para valorar de manera integrada el comportamiento de la ecografía en las cuatro
patologías principales, el Gráfico 3 reúne sensibilidad y especificidad publicadas,
incluyendo la obstrucción intestinal. Esta visualización no compara directamente con
tomografía en todos los casos, sino que muestra en qué escenarios la ecografía alcanza
un rendimiento suficientemente alto como para desempeñar una función inicial
relevante dentro de una estrategia escalonada.
Gráfico 3. Perfil de sensibilidad y especificidad de la ecografía en cuatro causas de abdomen agudo
Fuente: elaboración a partir de Dizon et al. [11], Oliveira et al. [17], Laméris et al. [19] y Lin et al. [28].
El Gráfico 3 muestra que la ecografía alcanza sensibilidad de 92 % tanto en
diverticulitis como en obstrucción intestinal, mientras que la especificidad se mantiene
alrededor de 90 % o más en colecistitis, diverticulitis y obstrucción. Apendicitis
presenta el perfil ecográfico menos favorable entre los cuadros comparados, con
319
sensibilidad de 82,1 % y especificidad de 85,9 %, lo que coincide con la dificultad de
excluir enfermedad cuando el apéndice no se visualiza adecuadamente [11,17,19,28].
El perfil de colecistitis resulta particular porque la sensibilidad ecográfica es menor que
en diverticulitis u obstrucción, pero su especificidad es elevada y se combina con la
capacidad directa de demostrar litiasis, engrosamiento parietal, líquido perivesicular y
Murphy ecográfico. Esta relación ayuda a explicar por qué la ecografía continúa como
prueba de primera línea en sospecha biliar, incluso cuando la tomografía presenta una
sensibilidad numéricamente superior en determinados metaanálisis [17,18,20-22].
En obstrucción intestinal, el rendimiento ecográfico para detectar la presencia de
obstrucción es elevado, pero la utilidad clínica de la tomografía se mantiene cuando se
requiere determinar la causa y la gravedad. En términos de decisión, una ecografía
positiva puede orientar rápidamente la sospecha, mientras que una tomografía aporta un
mapa anatómico más completo para reconocer estrangulación, isquemia, perforación o
una etiología que modifique el manejo quirúrgico [28-31].
La variabilidad diagnóstica fue organizada en la Tabla 4 mediante factores capaces de
generar falsos negativos, falsos positivos o resultados no concluyentes. La síntesis
diferencia limitaciones inherentes a la técnica de aquellas relacionadas con el paciente o
con el contexto de adquisición, porque su reconocimiento permite interpretar de forma
más prudente un resultado discordante con la probabilidad clínica.
Tabla 4. Factores que condicionan resultados no concluyentes y utilidad clínica por modalidad
Factor
Tomografía computarizada
Implicación diagnóstica
No visualización de la
estructura diana
Menos frecuente por mayor
cobertura anatómica
Un resultado ecográfico
negativo puede requerir
segunda línea
Obesidad y meteorismo
Menor impacto relativo
Aumenta probabilidad de
ecografía no concluyente
Experiencia del operador
Influencia menor en
adquisición; persiste en
interpretación
Debe considerarse al
extrapolar exactitud
Protocolo técnico
Contraste, dosis, fase y
reconstrucción condicionan
calidad
La estandarización mejora
reproducibilidad
320
Factor
Tomografía computarizada
Implicación diagnóstica
Enfermedad complicada
Mayor caracterización
anatómica
La sospecha de complicación
favorece TC
Población radiosensible
Debe justificarse el beneficio
Favorece estrategia ecografía
primero
Diagnóstico diferencial
amplio
Amplio campo anatómico
La incertidumbre global
favorece TC
Fuente: síntesis de los factores metodológicos y clínicos descritos en [1], [6], [9], [10], [30] y [33].
La Tabla 4 muestra que los falsos negativos ecográficos se relacionan principalmente
con no visualización de la estructura diana, gas intestinal, obesidad, lesiones profundas
o experiencia limitada, mientras que en tomografía pueden intervenir protocolos
inadecuados, ausencia de contraste cuando resulta necesario, enfermedad muy temprana
o interpretaciones ambiguas. Los falsos positivos también dependen del contexto,
porque cambios inflamatorios inespecíficos pueden simular enfermedad y deben
correlacionarse con la presentación clínica y el estándar de referencia.
La principal consecuencia práctica de estos factores es que un resultado negativo no
tiene el mismo significado en todos los pacientes. Cuando la probabilidad pretest es
elevada, una ecografía no concluyente o negativa puede requerir tomografía,
especialmente en apendicitis adulta o ante sospecha de complicación; en cambio, una
ecografía concluyente en un cuadro biliar típico puede ser suficiente para orientar la
conducta inicial, reduciendo exposición innecesaria a radiación [10,20-22].
El último gráfico cuantificó la brecha absoluta entre tomografía y ecografía en las tres
patologías con estimaciones directamente comparables. La diferencia se calculó como el
porcentaje de tomografía menos el porcentaje de ecografía para sensibilidad y
especificidad, sin efectuar ponderación, combinación de estudios ni estimación de
efecto nuevo, por lo que el resultado representa únicamente una transformación
descriptiva de datos previamente publicados.
321
Gráfico 4. Brecha absoluta de rendimiento a favor de tomografía en comparaciones directas
Fuente: cálculo descriptivo a partir de porcentajes publicados en [11], [17] y [19]; diferencia expresada en puntos
porcentuales.
El Gráfico 4 confirma que la mayor ventaja absoluta de la tomografía se concentra en
apendicitis, tanto para sensibilidad como para especificidad. En colecistitis la diferencia
es pequeña, especialmente para especificidad, y en diverticulitis la brecha se concentra
más en especificidad que en sensibilidad, lo que ayuda a diferenciar una ventaja de
detección de una ventaja de confirmación y caracterización [11,17,19].
La distribución de las brechas permite reconocer tres patrones clínicos: superioridad
diagnóstica consistente de la tomografía en apendicitis adulta, equivalencia relativa en
colecistitis no complicada y complementariedad en diverticulitis, donde la ecografía
puede identificar enfermedad pero la tomografía mejora la evaluación de extensión y
complicaciones. La obstrucción intestinal se integra como un cuarto patrón, con buen
rendimiento ecográfico para detección y predominio tomográfico para caracterización
anatómica y etiológica.
En conjunto, los hallazgos sostienen un modelo de uso escalonado. La ecografía se
posiciona como primera línea cuando la patología sospechada es biliar, cuando el
paciente pertenece a una población sensible a radiación o cuando se requiere una
322
evaluación rápida y repetible; la tomografía adquiere prioridad cuando existe
incertidumbre diagnóstica persistente, sospecha de apendicitis adulta con diagnóstico
diferencial amplio, diverticulitis complicada, obstrucción con riesgo de isquemia o
necesidad de identificar una causa alternativa.
La correlación con el diagnóstico definitivo no depende únicamente de que una imagen
sea positiva, sino de que el hallazgo represente la enfermedad clínicamente relevante y
permita anticipar complicaciones. La tomografía muestra una correlación global más
consistente en escenarios complejos por su capacidad anatómica, mientras que la
ecografía puede correlacionarse de forma suficiente con el diagnóstico final en cuadros
seleccionados, particularmente cuando los hallazgos son característicos y la exploración
ha sido técnicamente adecuada.
323
Discusión
Los resultados permiten establecer que la comparación entre ecografía y tomografía en
abdomen agudo no admite una conclusión uniforme para todas las patologías. La
tomografía presenta el rendimiento más sólido cuando la enfermedad requiere
visualización profunda, caracterización anatómica amplia o búsqueda de
complicaciones, mientras que la ecografía conserva un valor decisivo como herramienta
inicial en escenarios bien definidos. Esta interpretación coincide con las estrategias
modernas de imagen, que priorizan la pregunta clínica y el riesgo individual antes que
una jerarquía absoluta entre tecnologías [1-5].
La diferencia más clara se concentra en apendicitis adulta. La sensibilidad de 97,2 % y
especificidad de 95,6 % de la tomografía frente a 82,1 % y 85,9 % de ecografía
representan una ventaja suficientemente amplia para influir en la probabilidad
postprueba, sobre todo cuando la clínica es atípica o el diagnóstico diferencial es
extenso [11]. La evidencia de otras revisiones también ha mostrado mayor consistencia
de la tomografía, aunque la ecografía mantiene utilidad cuando se seleccionan
adecuadamente los pacientes [12-15].
La principal explicación para el menor rendimiento ecográfico en apendicitis se
relaciona con la visualización del apéndice. Un estudio técnicamente no concluyente no
equivale a una prueba verdaderamente negativa, por lo que la interpretación debe
diferenciar ausencia de signos patológicos de ausencia de visualización. Esta distinción
es fundamental en niños y adultos jóvenes, porque una estrategia escalonada puede
reducir radiación sin aceptar un riesgo excesivo de omisión diagnóstica, tal como
plantean las guías WSES y recomendaciones radiológicas [10,16].
La tomografía ofrece además la posibilidad de identificar absceso, perforación, flemón
o diagnósticos alternativos, de modo que su beneficio excede la simple confirmación de
324
apendicitis. En un paciente con dolor en fosa ilíaca derecha, la pregunta clínica puede
incluir enfermedad ileal, diverticulitis derecha, patología urinaria o procesos
ginecológicos, y la amplitud anatómica de la tomografía permite responder
simultáneamente a varias hipótesis, reduciendo la incertidumbre residual cuando la
presentación no es clásica [1,16].
La situación cambia en colecistitis, donde las diferencias entre modalidades son
pequeñas y la ecografía conserva ventajas prácticas que no se reflejan completamente en
la sensibilidad agrupada. La especificidad cercana a la de la tomografía se acompaña de
visualización directa de cálculos, engrosamiento parietal, distensión, líquido
perivesicular y Murphy ecográfico, hallazgos que integran anatomía y respuesta clínica
durante la exploración. El metaanálisis comparativo de 2024 refuerza la idea de que la
tomografía no posee una superioridad universal [17].
La utilidad de la ecografía como primera línea en patología biliar es coherente con la
evidencia previa y con los criterios de Tokio, que integran manifestaciones locales,
respuesta inflamatoria sistémica e imagen. Aunque la tomografía puede detectar
inflamación y complicaciones, la presencia de litiasis y la evaluación de la vía biliar
siguen favoreciendo el ultrasonido en la valoración inicial, especialmente cuando la
clínica es típica y el estudio resulta concluyente [18-22].
La tomografía adquiere mayor relevancia en colecistitis cuando la presentación es
atípica o existen sospechas de gangrena, perforación, absceso, enfisema o una causa
abdominal alternativa. Esta función explica por qué dos modalidades con cifras
similares de especificidad no son necesariamente intercambiables en todos los casos,
porque la información anatómica adicional puede modificar la conducta incluso cuando
el diagnóstico básico de inflamación vesicular ya es probable.
325
En diverticulitis, la sensibilidad cercana entre ecografía y tomografía sugiere que la
primera puede identificar con eficacia enfermedad no complicada en centros con
experiencia. La revisión clásica de Laméris y la evidencia reciente muestran que el
ultrasonido puede reconocer engrosamiento intestinal e inflamación pericólica, pero la
especificidad superior de la tomografía y su capacidad para demostrar aire extraluminal
o colecciones profundas explican su papel predominante cuando la gravedad es incierta
[19,23,24].
Las guías WSES y el American College of Physicians han incorporado una visión más
selectiva del uso de imagen en diverticulitis, reconociendo que la presentación clínica y
el antecedente del paciente influyen en la necesidad de confirmar el diagnóstico y
estratificar complicaciones [25,26]. Sin embargo, cuando se requiere clasificar
extensión, descartar absceso o planificar una intervención, la tomografía continúa
ofreciendo información difícil de sustituir mediante ecografía, en especial si la
inflamación se localiza en segmentos profundos o existe abundante gas intestinal.
La especificidad aproximada de 99 % descrita para tomografía frente a 90 % de
ecografía en la revisión comparativa clásica debe interpretarse con cautela por la
evolución tecnológica y por la heterogeneidad entre estudios. No obstante, la dirección
del efecto sigue siendo clínicamente coherente con la capacidad de la tomografía para
delimitar la extensión de la inflamación y mostrar complicaciones. La evidencia de
2025 sobre ecografía confirma un alto potencial diagnóstico, pero no elimina la
necesidad de tomografía en enfermedad complicada [23,24].
La obstrucción intestinal aporta un ejemplo adicional de complementariedad. Una
sensibilidad y especificidad ecográficas alrededor de 92 % y 93 % indican que el
ultrasonido puede reconocer la presencia de obstrucción con alta exactitud,
particularmente mediante identificación de asas dilatadas y alteraciones de la motilidad
326
[28,29]. Sin embargo, la decisión clínica suele requerir determinar el punto de
transición, la causa, la presencia de asa cerrada y la viabilidad intestinal, preguntas para
las que la tomografía posee ventajas anatómicas claras [30,31].
La detección temprana de isquemia o perforación en una obstrucción modifica la
urgencia del tratamiento, por lo que un estudio ecográfico positivo no siempre completa
la evaluación. La tomografía permite integrar pared intestinal, mesenterio, vasos y
cavidad peritoneal en una misma adquisición, facilitando la identificación de signos
indirectos de compromiso vascular. En consecuencia, la elección de modalidad debe
diferenciar entre confirmar que existe obstrucción y caracterizar si esa obstrucción
amenaza la viabilidad intestinal.
La exposición a radiación constituye el principal argumento para limitar el uso
indiscriminado de tomografía. La preocupación es mayor en niños, embarazo y adultos
jóvenes, donde el beneficio de una estrategia ecográfica inicial puede ser considerable si
el rendimiento es suficiente para la patología sospechada. Esta lógica no implica
rechazar la tomografía, sino utilizarla de forma selectiva cuando el resultado ecográfico
es no concluyente, la probabilidad clínica permanece alta o existen signos que sugieren
una enfermedad complicada [6,10].
La estrategia escalonada también puede mejorar la eficiencia diagnóstica porque evita
que la elección de la primera prueba dependa exclusivamente de disponibilidad
tecnológica. Una ecografía bien indicada y técnicamente adecuada puede resolver una
proporción de cuadros sin necesidad de radiación, mientras que la tomografía puede
reservarse para pacientes en quienes la información adicional cambiará la conducta.
Este enfoque es compatible con estudios sobre estrategias de imagen y con la
comparación entre uso rutinario y selectivo de tomografía en dolor abdominal agudo
[3,4,32].
327
La dependencia del operador sigue siendo una limitación importante de la ecografía. El
rendimiento observado en centros con radiólogos o ecografistas experimentados puede
no reproducirse de manera idéntica en instituciones con menor entrenamiento, lo que
introduce heterogeneidad y limita la generalización directa de una cifra agrupada. El
problema se intensifica en apendicitis, donde la no visualización del apéndice puede ser
frecuente, y en diverticulitis, donde la profundidad de la lesión condiciona la ventana
acústica [9].
La tomografía tampoco está exenta de variabilidad. La utilización o no de contraste, la
fase de adquisición, la dosis, el protocolo específico, la calidad de reconstrucción y la
experiencia interpretativa pueden modificar la capacidad para reconocer hallazgos
sutiles. Por ello, la menor dependencia del operador durante la adquisición no debe
confundirse con una técnica infalible, y la correlación con la clínica continúa siendo
necesaria, especialmente en enfermedad temprana o cuando los hallazgos son
inespecíficos.
El estándar de referencia representa otra fuente de heterogeneidad. Los estudios que
verifican mediante cirugía solo a pacientes con pruebas positivas pueden introducir
sesgo de verificación, mientras que aquellos que utilizan seguimiento clínico pueden
clasificar de manera diferente casos autolimitados o diagnósticos alternativos.
QUADAS-2 fue diseñado precisamente para explorar estos dominios y enfatiza que la
exactitud diagnóstica debe interpretarse dentro del flujo real de pacientes y de la
relación temporal entre prueba índice y referencia [9,33].
La ausencia de un metaanálisis de novo constituye una decisión metodológica
deliberada y no una limitación que deba resolverse mediante combinación artificial de
cifras. Las estimaciones seleccionadas provienen de metaanálisis previos con criterios y
poblaciones propios, por lo que volver a agruparlas sin extraer tablas individuales habría
328
generado una apariencia de precisión no sustentada. La síntesis cualitativa permite, en
cambio, comparar direcciones de efecto y magnitudes sin ignorar la heterogeneidad
señalada por el Cochrane Handbook [8].
El uso de diferencias absolutas en los gráficos facilita comunicar la magnitud clínica de
la ventaja de una modalidad. La brecha de 15,1 puntos de sensibilidad en apendicitis es
sustancialmente mayor que la diferencia de 4,9 puntos en colecistitis, lo que permite
visualizar por qué una recomendación uniforme sería inadecuada. Esta representación
no sustituye intervalos de confianza ni pruebas de heterogeneidad, pero ayuda a
contextualizar la relevancia de cifras publicadas en escenarios clínicos diferentes.
La correlación con el diagnóstico definitivo debe entenderse como la capacidad de la
modalidad para concordar con el estándar final y, al mismo tiempo, aportar información
suficiente para orientar la conducta. La tomografía muestra una correlación global más
consistente cuando existen complicaciones o diagnósticos alternativos, pero la ecografía
puede alcanzar una correlación muy adecuada cuando la enfermedad es accesible, los
signos son característicos y la técnica se realiza por personal experimentado.
En la práctica, el valor predictivo de un resultado depende de la prevalencia y de la
probabilidad pretest, por lo que sensibilidad y especificidad no deben interpretarse de
forma aislada. Un resultado ecográfico negativo en un adulto con alta sospecha de
apendicitis requiere una conducta diferente a un resultado negativo en un paciente de
bajo riesgo, mientras que una ecografía positiva con signos típicos de colecistitis puede
tener una relevancia suficiente para iniciar manejo sin recurrir inmediatamente a
tomografía.
El enfoque por escenarios también reduce el riesgo de utilizar la tecnología como
sustituto del razonamiento clínico. La imagen debe responder a hipótesis formuladas a
partir de localización del dolor, evolución, signos inflamatorios, estabilidad
329
hemodinámica y antecedentes, de manera que la modalidad elegida maximice la
información útil. La tomografía es particularmente valiosa cuando el diagnóstico
diferencial es amplio, pero la ecografía puede ser superior como primera prueba cuando
la sospecha es focal y la radiación constituye una preocupación prioritaria.
Las guías de dolor abdominal no localizado y de cuadrantes específicos respaldan esta
adaptación por contexto. En dolor de cuadrante superior derecho, la ecografía ocupa una
posición central; en dolor de fosa ilíaca derecha de adultos, la tomografía puede ser
apropiada con mayor frecuencia; en dolor de cuadrante inferior izquierdo, la necesidad
de caracterizar diverticulitis complicada favorece el uso de tomografía en determinados
pacientes [1,16,22,27]. Esta diversidad normativa coincide con el patrón observado en
los resultados.
La novedad práctica de la síntesis consiste en presentar de forma integrada cuatro
patologías frecuentes y mostrar que la superioridad de una modalidad cambia según el
desenlace considerado. El análisis distingue detección de enfermedad, confirmación,
caracterización de gravedad y seguridad del paciente, evitando reducir la decisión a una
sola cifra. Esta perspectiva resulta útil para protocolos de emergencia porque permite
diseñar rutas de imagen escalonadas con criterios clínicos explícitos.
Entre las fortalezas se encuentra la utilización de metaanálisis y guías reconocidas, la
separación clara entre datos publicados y cálculos descriptivos derivados, y la negativa
a generar estimaciones combinadas cuando no existía homogeneidad suficiente.
Asimismo, la alternancia de tablas y gráficos facilita revisar la evidencia desde
dimensiones cuantitativas y clínicas, mientras que la inclusión de poblaciones especiales
incorpora factores de seguridad que son relevantes para la selección de la prueba.
Las limitaciones derivan principalmente de la heterogeneidad de la literatura, de la
dependencia del operador en ecografía y de la diferencia temporal entre algunas fuentes.
330
Parte de la evidencia comparativa clásica conserva relevancia por su valor
metodológico, pero los equipos, protocolos y entrenamiento han evolucionado, por lo
que las cifras antiguas deben interpretarse junto con revisiones recientes. También existe
variabilidad en estándares de referencia y criterios de severidad, lo que restringe la
comparación directa entre patologías.
Otra limitación es que la síntesis se concentra en cuatro causas frecuentes de abdomen
agudo y no pretende extrapolar sus resultados a perforación gastrointestinal,
pancreatitis, isquemia mesentérica, patología ginecológica o urológica. La utilidad
relativa de ecografía y tomografía puede ser diferente en esos cuadros, por lo que
cualquier protocolo general debe mantener flexibilidad diagnóstica. El objetivo fue
comparar modalidades dentro de escenarios con evidencia disponible, no establecer una
regla universal para todo dolor abdominal.
La aplicabilidad clínica es mayor cuando se adopta una ruta escalonada. En sospecha
biliar, la ecografía puede funcionar como primera prueba y la tomografía reservarse para
dudas o complicaciones; en apendicitis pediátrica o embarazo, una estrategia ecográfica
inicial reduce radiación; en adultos con alta sospecha y diagnóstico diferencial amplio,
la tomografía puede ofrecer mayor rendimiento inicial; en diverticulitis y obstrucción, la
necesidad de caracterizar extensión o gravedad inclina la decisión hacia tomografía.
La implementación de estas rutas requiere considerar la disponibilidad local y la
experiencia profesional. Un servicio con ecografía inmediata y personal entrenado
puede resolver más casos sin tomografía que un centro con menor capacidad ecográfica,
mientras que el acceso rápido a tomografía puede reducir demoras en pacientes
complejos. Por ello, los protocolos deben combinar evidencia de exactitud con recursos
institucionales, sin sacrificar seguridad ni retrasar la identificación de enfermedad
complicada.
331
Las futuras investigaciones deberían priorizar comparaciones prospectivas directas entre
modalidades bajo protocolos contemporáneos, con estándares de referencia homogéneos
y reporte transparente de resultados no concluyentes. También sería útil evaluar
desenlaces centrados en el paciente, como tiempo hasta diagnóstico, exposición
acumulada a radiación, cambios de conducta, necesidad de pruebas adicionales y costo
total de la estrategia, porque la exactitud estadística no captura por sola todo el
impacto clínico de una modalidad.
La integración de inteligencia clínica, ultrasonido a pie de cama y tomografía de dosis
optimizada representa una línea de evolución relevante. La ecografía puede ampliar su
disponibilidad mediante entrenamiento estructurado y protocolos focales, mientras que
la tomografía puede reducir riesgos mediante selección adecuada y optimización de
dosis. El objetivo no debe ser desplazar una técnica por otra, sino lograr que cada
modalidad se utilice donde su relación entre beneficio diagnóstico y riesgo sea más
favorable [6].
En síntesis, la evidencia comparada favorece a la tomografía cuando se requiere
máxima consistencia diagnóstica y caracterización anatómica, especialmente en
apendicitis adulta y enfermedad complicada. La ecografía mantiene una función
indispensable por su seguridad, accesibilidad y rendimiento en escenarios
seleccionados, de modo que la decisión óptima se apoya en complementariedad,
secuenciación y adaptación al riesgo individual, más que en una competencia entre
técnicas mutuamente excluyentes.
Conclusiones
La comparación del rendimiento diagnóstico permite concluir que la tomografía
computarizada ofrece una exactitud global más consistente que la ecografía abdominal
en varios escenarios de abdomen agudo, con la diferencia más marcada en apendicitis
332
adulta. Su capacidad para visualizar estructuras profundas, detectar diagnósticos
alternativos y caracterizar perforación, abscesos, isquemia o extensión anatómica
incrementa la correlación con el diagnóstico definitivo cuando la presentación clínica es
compleja o existe sospecha de enfermedad complicada.
La ecografía mantiene un valor fundamental como estudio inicial, debido a la ausencia
de radiación ionizante, la posibilidad de repetición y su utilidad en población pediátrica,
embarazo, adultos jóvenes y patología biliar. El rendimiento observado en colecistitis
demuestra que una menor complejidad tecnológica no implica necesariamente una
reducción importante de exactitud, mientras que en diverticulitis no complicada y
obstrucción intestinal la ecografía puede identificar enfermedad con resultados elevados
cuando la exploración es técnicamente adecuada.
En apendicitis, la mayor sensibilidad y especificidad de la tomografía respaldan su
utilización cuando la ecografía es no concluyente, cuando el apéndice no se visualiza o
cuando el diagnóstico diferencial es amplio. En colecistitis, la proximidad entre
modalidades y la capacidad ecográfica para demostrar litiasis y cambios vesiculares
justifican mantenerla como primera línea. En diverticulitis, la tomografía adquiere
mayor valor al definir extensión y complicaciones, y en obstrucción intestinal permite
establecer localización, etiología y signos de compromiso vascular o perforación.
Los objetivos específicos relacionados con sensibilidad, especificidad y factores de
error muestran que la utilidad diagnóstica depende de la enfermedad y del contexto. La
obesidad, el meteorismo, la profundidad anatómica y la experiencia del operador
pueden reducir la calidad ecográfica, mientras que la tomografía puede verse
condicionada por protocolos, contraste, fase de adquisición o interpretación. Por esta
razón, un resultado de imagen debe correlacionarse con la probabilidad clínica pretest y
con el estándar definitivo, evitando decisiones basadas en cifras aisladas.
333
El aporte principal se concentra en un modelo complementario y escalonado de
selección de imagen. La ecografía puede utilizarse como primera prueba cuando la
pregunta clínica es focal, la población es sensible a radiación o la patología posee un
patrón ecográfico característico, mientras que la tomografía debe priorizarse cuando
persiste incertidumbre, existe inestabilidad diagnóstica, se necesita una evaluación
anatómica amplia o se sospechan complicaciones que podrían modificar de manera
inmediata la conducta terapéutica.
La síntesis respalda que la elección óptima no corresponde necesariamente a la
modalidad con mayor sensibilidad global, sino a la prueba capaz de responder la
pregunta clínica concreta con el mejor equilibrio entre exactitud, seguridad,
disponibilidad y capacidad de modificar decisiones. La estandarización de rutas
diagnósticas, el fortalecimiento del entrenamiento ecográfico y la optimización de
protocolos tomográficos pueden mejorar la eficiencia de la atención, reducir estudios
innecesarios y preservar la detección oportuna de enfermedad grave.
Las futuras líneas de investigación deberían favorecer comparaciones prospectivas
directas, criterios diagnósticos homogéneos y reporte sistemático de resultados no
concluyentes, además de incorporar desenlaces como tiempo de atención, exposición
acumulada a radiación, necesidad de pruebas adicionales, cambios de manejo y costo de
la estrategia. La evidencia disponible permite sostener una práctica individualizada, en
la que ecografía y tomografía se integran de forma secuencial y racional para aumentar
la certeza diagnóstica sin utilizar recursos o radiación de manera indiscriminada.
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