
crean nuevas fronteras y oportunidades de segmentación cuando existen múltiples
categorías, exclusiones y cambios de obligación, el diseño debería evaluar el costo total
de cumplimiento y no solo la tarifa nominal.
La brecha del impuesto al valor agregado mostró estabilidad dentro de un intervalo
estrecho, este patrón coincide con un fenómeno estructural que no responde de forma
inmediata a una sola reforma, la facturación electrónica mejora la información
disponible, pero las ventas no registradas, el uso indebido de comprobantes y las
cadenas informales requieren controles complementarios, fiscalización en territorio y
cooperación con gobiernos locales.
La brecha del impuesto a la renta de personas naturales evidenció desafíos distintos, la
información de asalariados suele estar reportada por empleadores, mientras
profesionales, rentistas y actividades independientes presentan mayor posibilidad de
subdeclaración, la selección de riesgo debería utilizar relaciones entre ingresos,
consumo, activos, movimientos financieros y operaciones con sociedades vinculadas.
La comparación regional indicó que Ecuador no se ubica de manera aislada, las
administraciones tributarias de América Latina han ampliado facturación electrónica,
intercambio de información y análisis de datos, aunque continúan diferencias en presión
fiscal, composición de ingresos y capacidad institucional, los reportes regionales de
2024 y 2026 muestran avances recaudatorios vinculados con reformas, pero no eliminan
la necesidad de mejorar cumplimiento y progresividad (OCDE et al., 2024, 2026).
El índice sectorial permitió orientar la discusión hacia comercio informal, inmobiliario
y servicios profesionales, aunque su carácter referencial impidió utilizarlo como criterio
único de fiscalización, una clasificación oficial debería construirse mediante indicadores
observables, como discrepancias entre compras y ventas, variaciones patrimoniales,
margen sectorial, uso de comprobantes y comportamiento histórico.